
A veces, escucho cosas como: “La tierra quiere matarnos” o “Las tormentas son implacables con las casas de la gente” o “Estos calores son venganzas contra lo que hemos hecho” o afirmaciones por el estilo, que suponen que la Naturaleza tiene alguna especie de plan macabro contra la humanidad o que “siente” determinadas emociones.
En primer lugar, la Naturaleza ES. Como en todo lo demás, nuestras expectativas, ilusiones, miedos, proyecciones son las que nos hacen interpretar determinadas acciones de una cierta forma. Si millones de personas decidieron habitar sobre una falla geológica o en una zona de huracanes, la Tierra no está tratando de destruirlos; está siendo lo que es y esa gente recibe los resultados de sus determinaciones.
Por otro lado, nosotros funcionamos como una plaga destructiva y egoísta y, cuando las consecuencias aparecen, nos victimizamos o tiramos el problema para más adelante o creemos que vamos a destruir la Tierra. Primero, la Tierra no es vengativa sino que sigue su camino o compensa. Desde otra perspectiva, no nos consideremos tan importantes; las consecuencias de nuestro proceder terminará con nosotros, no con Ella. El planeta es más grande que la humanidad y continuará su evolución, con o sin nosotros. Es mejor que aprendamos a coexistir armónica y amorosamente.




