La necesidad de procesar las «malas» emociones en el «Despertar» (sin arco iris de fondo)

En esta dualidad exacerbada que estamos viviendo (una “grieta” que es mundial), las polaridades extremas que residen en nuestro interior saldrán a la superficie para ser sanadas e integradas.  Esto se irá agravando cada vez más, así que es ineludible que contribuyamos con nuestra propia armonía y unidad.  Comencemos ya.

 

Quizás, estás leyendo reiteradamente que es necesario liberar o que es tiempo de elaborar conflictos internos antiguos o que debemos salir de la dualidad.  En la mente, estos conceptos pueden ser entendidos o incluso “solucionados” pero eso no es verdadero hasta que no pasan por el cuerpo, hasta que no son vivenciados en la realidad y resueltos integralmente.

 

Mientras permanecen en la esfera de lo mental, pueden causarnos ansiedad y estrés pero nunca tanto como cuando se presentan en nuestra vida y nos exigen un proceso de crecimiento maduro.  Y ahí es cuando tanta lectura y elucubraciones se muestran inútiles y/o no comprendemos ni sabemos cómo llevarlas a la práctica.  El aspecto emocional toma la posta y nos llenamos de ira y de miedo.  Lo mental, en lugar de ayudarnos objetivamente, se alía con esa negatividad y se produce un desbarranque total.

 

Estamos en tiempos difíciles porque no procesamos solo temas de esta vida sino de muchas encarnaciones y de un sistema que colapsa.  Cuando se habla livianamente de “despertar”, con arco iris de fondo y música empalagosa, se están creando falsas ilusiones, ya que abrir la Conciencia es duro y arduo.  Y por lo general no es algo que elijamos en un día lleno de sol sino que viene como la consecuencia inevitable luego de la noche oscura del alma.

 

Entonces, nos encontramos frente a frente con verdades que habíamos evitado, negado o desestimado; con consecuencias que no habíamos previsto o que desconocíamos; con un desinterés general por cosas que antes nos encantaban; con personas o situaciones que ya no resuenan; sin deseos o metas claros, navegando en la desidia; o con objetivos que fuimos encontrando pero que no se manifiestan, que nos hacen desesperar en la espera.  Todo eso mientras seguimos corriendo con las exigencias cotidianas…

 

 

¿Qué tienen en común?  Que nos fuerzan a vernos realmente, a encontrarnos, a elegir, a soltar lo que ya no nos sirve ni nos representa, a aceptar lo que es.  Queremos sacarnos de encima la frustración, la rabia, los temores, pero, cuanto más nos resistimos, más fuertes se hacen y más se alargan las contrariedades y la espera.

 

No hemos aprendido a quedarnos en las “malas” emociones, a aceptarlas, respirarlas, cuestionarlas: ¿qué partes de nosotros representan, qué traen, cuál es su contrapartida luminosa, cuál es el tesoro escondido?  Una paciente me contaba que continuaba ocupándose de todos porque enseguida le daba culpa y no la podía soportar.  Esto es común para algunas emociones negativas: no aguantamos el miedo, la desilusión, la tristeza.  En cambio, tendemos  a aferrarnos al odio, a la ira, a la envidia, al orgullo.  Sea de una forma o de otra, solo recreamos interminablemente las emociones, los conflictos y las situaciones sin aprender nada de ellas.

 

Cuando introducimos un Testigo que nos permita desapegarnos de lo emocional y observar la rica información que traen, comenzamos el camino de sanación.  Nada puede ser resuelto en el mismo nivel en que fue creado, así que necesitamos elevarnos y encontrar las razones profundas por las que regeneramos algo sin encontrar la salida.  Un ejemplo: muchas veces, la ira esconde temor, desesperanza, inseguridad, desvalorización.  Comprender lo que se oculta nos ayuda a lidiar con ello, a ir motivándonos para hallar lo mejor de nosotros, a darnos cuenta de que tenemos la fuerza y la perseverancia para que surjan cualidades y caminos que no sabíamos que estaban ahí.

 

En esta dualidad exacerbada que estamos viviendo (una “grieta” que es mundial), las polaridades extremas que residen en nuestro interior saldrán a la superficie para ser sanadas e integradas.  Esto se irá agravando cada vez más, así que es ineludible que contribuyamos con nuestra propia armonía y unidad.  Comencemos ya.

 

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