La Puerta del Pasado se cerró (la memoria no te sirve).

Ya no hay Pasado, es Presente.  Como dice el dicho: “Alégrate, porque todo lugar es aquí y todo momento es ahora”.

 

Le hago una observación a una paciente nueva y me responde con una historia de su pasado.  Le pregunto hasta cuándo va a usar eso para justificarse y no crecer y se enoja.  Me contesta que, efectivamente, eso pasó y la marcó, que fue demasiado fuerte y que le impide accionar algo distinto de lo que hace.  Es la reacción común de la mayoría de las personas: se quedan con la historia y no realizan el aprendizaje.

 

Todo lo que nos sucede tiene como propósito evolucionar, saldar karmas, conectarnos con nuestra esencia, liberar dones y cualidades, ser plenos.  En lugar de eso, lo utilizamos como excusa para victimizarnos, echar culpas y tener una vida mediocre.  Lamento dar una mala noticia: a fin del año pasado, la Puerta del Pasado se cerró.  Quien quiera continuar explotándolo, tendrá que recurrir a su memoria (que es vasta y muy usada por la mente para sus juegos).

 

La humanidad (como Tribu) ha implantado distintos mecanismos y los emplea para manipular y mantener a las personas dentro de sus leyes.  Uno de los mayores es el culto a la Memoria, a lo que siempre se hizo de tal forma y seguirá así para siempre, convirtiéndolo en tabú, regla, símbolo, evocación, etc.  Si bien hay una razón detrás de ello (poner a prueba lo nuevo que trae lo Individual para ver si es de utilidad para todos), muchas veces es simple rechazo para preservar ciertos privilegios de algunos.

 

En nuestras vidas personales, hacemos lo mismo.  Utilizamos el pasado para escudarnos en una larga cadena que pasa de sufrimiento en sufrimiento, de generación en generación, cuando la verdadera intención de cada descendencia es cortarla, fundar algo nuevo que traiga desarrollo y bienestar.  Esa “falsa lealtad” a los mayores (generalmente inconsciente) nos sepulta en el dolor y la repetición.  La memoria pasa a ser un dispositivo en el que basamos nuestra existencia, en lugar de vivir en el presente, en el saber continuo que sucede en cada instante.

 

No crecemos, sobrevivimos.  Encadenados a nuestros Niños Internos y sus traumas, sin importar lo que logremos en el mundo y cuán poderosos parezcamos, seguimos siendo infantes en lo emocional.  Debemos afrontar nuestros miedos y liberar ese potencial que traemos.  Tenemos un diseño maravilloso, que permanece dormido por los condicionamientos familiares y sociales.  El pasado debe ser un lugar de aprendizaje, en el que soltemos las historias una vez que cumplieron su propósito.

 

 

Durante bastante tiempo, me narré unos cuentos horribles acerca de mí, mis padres, mis circunstancias.  No es que no sucedieran ni me causaran mucho dolor, pero, cuando pude ponerlas en el contexto de sus objetivos y las elaboré, encontré un mundo de posibilidades inimaginables y me dediqué a explorarlas y concretarlas.  Al principio, me di cuenta con qué facilidad volvía a caer en los cuentos (la inercia de tantos años no se para de un momento para otro), aunque entonces los usaba para enaltecerme: “Esta tranquilidad/sabiduría/felicidad me costó un infierno”.  Eso también debía ser soltado.

 

A partir de ahí, no tengo memorias ni historias y, más importante, no tengo emocionalidad atada a ellas.  Puede resultar extraño, pero todo lo relacionado con mi pasado no existe, se esfumó en las arenas del tiempo, y solo me quedan los aprendizajes que forman parte de mi presente.  Obviamente, si alguien trae alguna  alusión, la recuerdo (a veces), pero voy borrando mi vida a medida que la vivo.  Por lo tanto, no hay cargas ni pendientes ni arrepentimientos ni expectativas.

 

Es lo que es.  La vibración atrae lo que debo vivir.  Se podría decir que “Soy y luego Hago”.  Acostumbrada a la adrenalina emocional, a rechazar, a enojarme, a esperar “otra cosa”, a correr buscando una nueva experiencia, todavía me resulta extraña esta situación.  El año pasado fue de una gran maestría para todos.  En mí, consolidó algo que se venía gestando y que es solo el inicio de un nuevo camino, que no conozco.  Ya no hay Pasado, es Presente.  Como dice el dicho: “Alégrate, porque todo lugar es aquí y todo momento es ahora”.

 

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