La trampa de ser “especial”… y el camino hacia nuestro potencial.

Una forma de soportar esta angustia es sentirnos especiales.  Muy adentro nuestro, nos convertimos en héroes, magas, artistas, famosos, aliens (lo que cada uno más le resuene), seres extraños, con destinos extraordinarios. 

 

Nací en una pequeña ciudad del interior de Argentina y, desde siempre, tuve ideas y actitudes muy disruptivas para mi entorno.  Pronto, me di cuenta de eso y comencé a evitar mostrarlas para no generar desconcierto o rechazo (cosas que igual pasaban, ya que el aura habla más fuerte que uno).  Era y, sigo siendo, una especie de iceberg, mostrando solo una parte y manteniendo el resto fuera de la vista, no solo por estos temas sino por naturaleza.

 

Crecí sintiéndome “especial”, con todo lo bueno y malo que eso significa.  Cuando pasé la adolescencia, animándome a contar ciertas peculiaridades o escuchando las de los demás, me asombré de que algún otro también las tuviera.  Al tiempo, tomé conciencia de que todos somos raros, o mejor dicho, todos somos comunes y tenemos nuestras rarezas.  Eso es lo que nos hace especiales de verdad.

 

También, con el paso del tiempo, conocí a muchos que se sentían así.  Cada uno tenía sus motivos, pero una constante era que no entraban en la norma de sus ambientes.  Lo “normal” es cambiante, a pesar de que pensamos que es igual para todos: para mí, que vivo en el Barrio Chino de Belgrano, en Buenos Aires, es una cosa, para quien vive en un entorno rural de la provincia de San Juan es otro; ahora es de una forma, hace cincuenta años era distinto.

 

Lo normal es engañoso.  Quizás, podríamos decir que se trata de un modelo social generado en cada entorno y aceptado por la mayoría.  El que no entra en ese estándar, está afuera.  Esto es importante, porque todos tenemos la necesidad infantil (y también tribal) de no ser rechazados y/o abandonados por los mayores.  Por esta razón, nos debatimos entre ser nosotros mismos o ser aceptados por los demás.  Se necesita mucho trabajo interior para superar esta dicotomía.

 

 

Una forma de soportar esta angustia es sentirnos especiales.  Muy adentro nuestro, nos convertimos en héroes, magas, artistas, famosos, aliens (lo que cada uno más le resuene), seres extraños, con destinos extraordinarios.  Vivimos nuestra fantasía, esperando el momento de ser reconocidos, admirados por ese don único que traemos al mundo para salvarlo, hacerlo más bello, ayudarlo, crear la idea o institución que será una luz para todos.

 

La magnitud de esta ilusión depende de cada uno, pero no hay ninguno que no la haya tenido.  Nos permite sobrevivir la separación.  En lo personal, fue muy fuerte, tanto que, cuando caí de la nube, el golpe fue brutal (aunque fui viendo el desplome en cámara lenta).  Pero me despertó: me di cuenta de que esa fantasía en particular no era casual, tenía una razón y sí podía hacerla realidad.  Detrás de la grandiosidad y la brillantina, yo verdaderamente poseía cualidades únicas y me había preparado para concretarlas.

 

Tenía que bajarlas al cuerpo, a lo que era posible y viable en ese momento.  Y eso hice.  No fue fácil pero fue una aventura maravillosa, llena de descubrimientos impresionantes.  No hay nada mejor que hacer realidad nuestros sueños más preciados… y es por eso que muchas veces los preservamos recelosamente tras veinte llaves.  Son tan valiosos que no queremos destruirlos ni bastardearlos.  Sabemos inconscientemente que el ego puede usarlos para su tonto envanecimiento y debemos elaborar ese inconveniente, para que sea el Ser el que los utilice sabiamente.

 

Seguramente, tienes sueños secretos.  Y sabes que no me refiero a esos del ego, sino a ese potencial que aguarda en lo más profundo de ti para salir a la luz.  Y sabes también que no se trata de hacer algo majestuoso, sino de ser tú mismo y honrar lo que viniste a dar originalmente.  Vuelve a tu interior, respira, acepta.  No es una lucha ni una oposición, es un camino que se inicia con un paso y se continúa escuchando, viendo las señales y confiando, en el amoroso silencio de la Luz.

Comparte:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

captcha

Sobre Diseño Humano

No te pierdas ninguno.

Suscríbete al boletín semanal

Recibe un email semanal con consejos, reflexiones y recursos, directamente en tu casilla de correo.

Categorías

Sígueme