
Analizando con una paciente su dificultad para dejar de contestar, rebatir y excusarse continuamente, le dije: “La mejor forma de reeducar al ego es humillarlo. Él siempre quiere ser la víctima y justificarse, subiéndose al orgullo y nadando en la culpa y el resentimiento. Repetir por enésima vez lo mismo o decir lo que todavía no puedes sostener no sirve. Cállate la boca, trabaja interiormente tus temas y, cuando lo hayas conseguido, habla. La paradoja es que, en ese momento, hablar no será necesario: tu aura lo hará por ti”.




