
Tendemos a creer que la espiritualidad viene rodeada de grandes epifanías, de música de arpas que nos anuncian lo trascendental. No sucede así. TODO ES ESPIRITUAL. Esa falsa disidencia entre lo material y lo espiritual que tiene la mayoría (aun los que dicen que están “despiertos”) hace que dejemos pasar numerosos signos que nos guían por el camino.
Al vivir en la mente, escindidos de lo que sucede realmente, nos perdemos de la vida. Todo es en el aquí y ahora. Y lo que necesitamos saber también puede ocurrir en el presente. Un ejemplo: hace años, cuando estaba escribiendo mi primer curso, me sentía tanto entusiasmada como insegura. Tenía demasiada información y no podía ponerla toda, sino centrarme en lo fundamental, y también me faltaba otra, a medida que iba progresando. Entonces, tomé la decisión de entregarme al proceso y dejar que me guiaran.
Cuando no estaba convencida de algo, venía un indicador: escuchaba música y justo la letra me daba corroboración. Leía un diario y aparecía lo que necesitaba. Durante meses, siempre me acompañaron y lo siguieron haciendo en cada escrito que hago. Lo mismo pasa cuando estoy dando vueltas a algún tema interior que estoy trabajando o ante cualquier disonancia o necesidad: las pequeñas señales me acompañan. Prueba y verás: no estás solo.




