En estos meses de pandemia, he observado la enorme cantidad de efectos que ha producido y podría resumirlos en uno: expone lo inviable. Tanto en lo individual como en lo colectivo, nos ha mostrado lo que ya no puede continuar porque estaba sobreviviendo sin raíces o porque lo hacía a fuerza de otros.
Lo último es bastante evidente en lo que es fomentado por las multinacionales, los políticos, la propaganda, las religiones, lo que está institucionalizado. Muchos han descubierto que no necesitan nada (o poco) de ello y que funciona porque está machacado constantemente y expuesto en múltiples vidrieras. Se supone que esa es la meta de la humanidad: comprar y mostrar, viajar y mostrar, ser (lo que sea, en cada ámbito el ideal es distinto) y mostrar…
La necesidad de reconocimiento, valoración y sentido que arrastra el ego es utilizado vastamente para llenar ese vacío con muchas cosas y, cuánto más exhiben su ineficiencia, más rápido se busca reemplazarlas por otras cosas, mejores y más caras. En esta fiebre consumista (de tangibles e intangibles), hemos expoliado el planeta y destruido sistemas enteros, ya sea con productos o viajes soñados.
En cuanto a lo individual, ¿cuál es el real sustento de lo que hay? Todo está en revisión: comenzando con parejas que perduraban porque se veían un rato al día, trabajos inaguantables pero que daban la supervivencia, conocidos que tenían más antigüedad que contacto emocional, intereses perimidos que no eran reemplazados por pereza o, más común, por correr interminable y estresantemente para cumplir con todo lo anterior.

Esta pandemia es una oportunidad única para replantearnos nuestra vida, nuestra sociedad. Algunos, más colectivos, están poniendo el énfasis en el afuera y otros, más individuales, en el interior. Sea como sea, esto nos transformará. Y sospecho que no será porque nosotros pongamos manos a la obra (que nos cuesta cambiar y tomar compromisos verdaderos) sino porque nos será impuesto.
Fuera de las conspiraciones tan expuestas en las redes (algunas delirantes), es cierto que sería una buena coyuntura para usar el miedo para cortar libertades civiles. Siempre ha sido así y porqué no ahora. Sin embargo, como jamás antes, la humanidad tiene un nivel de conciencia que podría frustrar ese intento… si dejamos de lado la presión consumista y valoramos lo importante. Esto implica un trabajo con el ego que es difícil de asumir pero imprescindible.
Creo que el cambio vendrá por el costado menos pensado: el espiritual. Por un lado, muchos sistemas y canalizaciones vienen señalándolo desde hace tiempo. Diseño Humano tiene una fecha: 2027. Un nuevo ciclo global comenzará ese año y el Plexo Solar, Centro de emociones y sentimientos, mutará a ser del Espíritu, una vez que aprendamos a dejar la reactividad y encontremos la paz y la vibración que nos conectará de otra forma totalmente nueva y distinta.
Ya mismo, estamos siendo reconstruidos por Energías que nos atraviesan, desde lo físico y espiritual, para reencontrarnos con nuestro Ser y comprender que Todos Somos Uno. Es obvio que llevará mucho tiempo pero estamos viviéndolo ahora. Lo que se avecina es tan radical y original que ni siquiera podemos creerlo, viendo lo que existe actualmente, pero el péndulo siempre se ha movido de un extremo al otro rápidamente.
¿Será el fin de la vida como la conocemos en los últimos cinco mil años? ¡Espero que sí! Sea como sea, trabajo para ello. Vivo en el aquí y ahora, confiando en que lo que aparece es lo necesario para poner mi granito de arena. Ningún ego es imprescindible, ninguna alma es separada. Brillemos.





2 respuestas
Se confunde mucho el individualismo con egoísmo, y el sentido de comunidad con meterse en la vida de los demás. Aunque lo parezca, no es lo mismo vivir la vida propia según creamos respetando siempre la libertad de los demás y otra hacer lo que nos venga en gana y si los demás se joden, pues que se jodan. Aunque lo parezca, no es lo mismo colaborar en comunidad respetando los espacios comunes, comportarnos con educación y seguir las normas de convivencia, y otra presionar a los demás para que se casen, tengan hijos y trabajen en esto o aquello. Lo último hace infelices día tras día a muchas personas, y ninguna sociedad lo justifica. El individualismo no es malo como dicen algunos, lo que es malo es el egoísmo, el mirar para otro lado cuando se puede hacer algo, el no importarnos si hacemos daño y el no estar todos a una en casos de emergencia mundial como la pandemia que estamos atravesando. Eso es lo que hay que cambiar, hay que aprender a distinguir cuando hemos de estar unidos y cuando hay que ir cada uno por su lado, avanzar con los tiempos, y no seguir pensando en valores del pasado como que la familia es el pilar más importante. No sólo hay un modelo de familia, no sólo es familia la que tiene hijos. La pareja es familia, y los hijos no tiene porque ser biológicos, pueden ser adoptados. La familia no es sólo la sangre, lo mismo que un matrimonio no es sólo el documento firmado y la ceremonia, es el compromiso, el amor y el respeto que se tengan esas dos personas que se casan. Si no hay amor y compromiso, de nada sirve el documento firmado. Con la familia sucede lo mismo, si no hay amor y compromiso de cuidar a los demás (sin descuidarnos a nosotros mismos), no se es una familia. Una madre o un padre que tiran a sus hijos a un contenedor de basura, no son ni madre ni padre.
Estoy de acuerdo contigo, María Jesús. El individualismo es nuestra expresión única como seres diferenciados y debemos encontrar esa marca personal y usarla para la mejor evolución de Todo Lo Que Es. Te mando un cariñoso abrazo.