Ya conocemos el dicho: “Que lo urgente no te tape (o no te impida hacer) lo importante”. Pero, como siempre, “del dicho al hecho, hay un trecho” (me levanté dichosa, jaja).
Hay unas cuantas razones por las que no lo hacemos. Una es que corremos todo el día, ocupados de nuestras cosas y de otras de las que generalmente se deberían dedicar los demás (pero no nos atrevemos a cortarlas). Otra es que no tenemos claro lo que es importante, porque no tenemos un plan o una meta que nos enfoque el diario vivir. Otra es que terminamos tan desbordados que ya cualquier cosa es urgente e importante, cosa que no es cierto.
En estas pérdidas continuas de energía, que no son regeneradas por el descanso adecuado, radica el vacío y el descontrol que sentimos. Vivir inconscientemente es ser arrastrados por los sucesos, reaccionando con los condicionamientos que adquirimos, sin autoridad interna que ordene, sin una aspiración que oriente. Vivir conscientemente es estar atentos en el aquí y ahora, guiados por el cuerpo, conociendo nuestro propósito y tomando las decisiones adecuadas para lograrlo. En la medida que tenemos esta claridad, todo se va reordenando solo, nuestra energía se alinea con la Energía y fluimos. Para ello, tenemos que conocer nuestro diseño y dejarnos llevar por su potente y amorosa geometría divina.





