Estamos en nuevos tiempos, pero seguimos haciendo lo mismo de siempre; no es extraño entonces que no funcione, ya que debemos aprender otras formas. En términos generales, venimos obrando a fuerza de exigencias, luchas, esfuerzos, negaciones, modelos previos, esperando que tanto trabajo tenga su premio algún día, cuando seremos felices y prósperos (el tesoro al final del arco iris, que no es tan colorido a la postre).
Uno de los problemas más grandes es la mente. Llena de basura de toda clase (miedos, dudas, desvalorización, legados familiares y sociales, traumas, etc.), no para nunca de construir telarañas: “y si pasa esto, y si no me quieren, y si no funciona, y si fuera otra cosa, y si…”. Presa de la dualidad (esto es bueno, esto es malo) y del tiempo lineal (casi siempre en el pasado o en el futuro), nos termina confundiendo, atemorizando, avergonzando, deteniéndonos. Aprender a reeducar la mente, percibiéndola solo como un testigo reflexivo y objetivo, que no toma decisiones, es fundamental. Debemos frenarla y enseñarle cómo queremos que piense: a nuestro favor y no en contra.
En esta Nueva Energía, las condiciones para crear algo nuevo son distintas. Algunas características son:
- Alegría.
- Creatividad.
- Enfoque.
- Disciplina.
- Paz.
- Armonía.
- Espiritualidad práctica.
- Amor.
- Afirmación (no luchar contra sino crear para).
- Integración cuerpo-mente-alma.
- Amabilidad.
- Originalidad (lo que sale de nuestro propio diseño).
- Sencillez.

No es fácil sostener estas cualidades en estos momentos. Estamos haciendo muchos duelos ahora: lo que no fue, lo que no pudimos, lo que quisimos y no pasó; personas y situaciones que ya no están o que se irán; aspectos nuestros que están muriendo y que todavía no tienen reemplazos concretos; vacío, tristeza, indefinición, etc.
Cuando detenemos la mente y escuchamos al corazón, cuando dejamos surgir nuestra esencia en el silencio, vamos encontrando un nuevo mundo interior que busca alumbrar. Contiene alegría, sencillez, originalidad, armonía; nos pide creatividad y tener un foco llevado con disciplina; lo construimos con paz, amabilidad, amor, afirmando lo nuestro, sin negar ni luchar con lo otro, a través de la integración de lo que somos (cuerpo, mente y alma) y con una espiritualidad arraigada en lo cotidiano.
Debemos centrarnos en nosotros mismos y sostenernos hasta ir logrando paso a paso esta unión interior y exterior. Cada uno debe fortalecerse en sus aprendizajes; flaco favor hacemos si descuidamos el propio y le quitamos al otro el suyo al hacerlo por él. Es tiempo de madurar, evolucionar, responsabilizarnos. Estas palabras nos cuestan porque, hasta ahora, eran resultado de modelos sociales a los adherimos sin evaluar si los deseábamos para nosotros.
¿Por qué deseamos responder? ¿Cuál es nuestra elección? ¿Cómo queremos vivir, con quiénes, dónde, de qué trabajaremos, cuánto ganaremos y cuántas horas le dedicaremos, cómo conectaremos con nuestra esencia y creatividad, para qué estamos aquí? Algunas preguntas interesantes para plantearnos… Aquí estoy para acompañarte.





2 respuestas
te felicito porque es vital tu enfoque amiga y compañera de camino en realidad tenemos lo que hemos sembrado desde el amor muchos de nosotros y desde su mente tantos otros…pero unos y otros caminamos a la par aunque vayamos definiendo unos y otros el sendero propio .gracias por tu precioso enfoque.
Sintonizar con estas cualidades hace todo más fácil, Marissa, y acompañarnos mutuamente todavía más.
Besos.