Matrix material y espiritual: reclama tu poder.

Hemos perdido nuestro poder al cedérselo a las instituciones.

 

Hace unos días, escribí acerca de esto y observo la dificultad que todos tenemos en darnos cuenta del enorme condicionamiento que arrastramos.  Al dar las cosas por sentado, nos cuesta separarnos de lo que nos perjudica, porque lo consideramos “normal”.  Es normal sufrir, culparnos, pelearnos, etc. 

 

En lo material, está bastante claro cómo nos han inducido a luchar por la vida, a considerar que la abundancia es solamente para los ricos o los que caen rendidos de agotamiento (¡se lo ganaron!).  Ocurre lo mismo en otros ámbitos, como la salud, en el cual dejamos las decisiones en manos de médicos o farmacéuticas, sin plantearnos otras posibilidades.

 

Básicamente, hemos perdido nuestro poder al cedérselo a instituciones: la justicia dicta lo que está bien o mal; la medicina decide lo que es saludable o cómo sanar; la ciencia decreta lo que es el mundo; las religiones ofician de intermediarios, solventando la salvación o no; la psicología nos define y nos arregla; en cualquier ámbito, alguna institución sabe mejor que nosotros lo que nos conviene.  

 

Esto funcionó bastante bien a lo largo de siglos; nos permitió crear modelos sociales que apoyaron el crecimiento de la población, junto con el desarrollo de la ciencia, la tecnología, la cultura, a niveles impresionantes.  Fuimos creciendo dentro de una burbuja que nos prometía progreso continuo, seguridad infalible, consumo ilimitado, felicidad al final del arco iris…  Promesas, promesas…

 

Estamos devastando el planeta, el 1% tiene el 99% de las riquezas, las instituciones están corruptas y no cumplen sus funciones, el individuo está homogeneizado y no encuentra rumbo.  Este período está finalizando y eso significa que, luego de este aprendizaje, debemos recuperar nuestro poder.  Pero no el del ego (que nunca lo tuvo), sino el del Ser. 

 

 

Aquí, entra la Matrix espiritual.  Estamos influenciados por religiones, sectas, gurúes, esoterismos, teorías, egrégores, canalizaciones, jerarquías celestiales y un largo etcétera.  Aun así, hay un general descreimiento y una sociedad desacralizada, cuyo dios máximo es el dinero.  Seguimos creyendo que necesitamos mediadores, maestros, creencias, lo que sea, para conectar con lo divino.  Y tantas ofertas no lo hacen más fácil…

 

Como la mente es insaciable y quiere más, invariablemente aparecerá una nueva posibilidad de moda para ser “espirituales”.  Alguien o algo nos darán la paz, la solución, el amor, o, por lo menos, nos llenará el vacío, por un rato.  Siempre buscadores, nunca completos.  Aunque nos digan que la respuesta está en nosotros mismos, no lo creemos/queremos, porque implica una responsabilidad que no deseamos asumir.

 

Sé de lo que hablo.  Hace muchos años, en una meditación, me apareció claramente el mensaje: RECLAMA TU PODER.  Al tiempo, comencé a verlo seguido en distintos lados.  Lo he hecho y, cuando parece que ya lo logré, me doy cuenta de la cantidad de capas que he desmontado en el proceso.  También, ahora tomo conciencia de que ya no tenemos tanto tiempo para perder en eso.  O sí…  ¿Quién sabe?  Yo, por lo menos, no quiero desperdiciarlo.

 

No deseo ni necesito seguir enganchada de los cuentos de las Matrix.  Mi conexión es suficiente.  La que puedo.  Escucharme, ser sencilla, dejar que las cosas vengan a mí, aceptar mis desvaríos, pero no darles espacio.  Hemos perdido tanta energía en sufrir, enmendar, echar culpas, salvar, seguir objetivos externos y otras yerbas, que es hora de recuperarla siendo felices, teniendo una buena vida, vinculándonos serenamente a la Fuente, a través del Alma.  Nada más… ni nada menos…

 

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