
Un árbol es el mejor símbolo de lo que se necesita en este momento: arraigado a la Madre Tierra y conectado al Cielo. Muchas personas no están felices con su encarnación, con estar aquí, con la densidad y la falta de amor existentes; detestan el planeta y su materialidad y anhelan otros mundos ingrávidos. La mala noticia es que la verdadera espiritualidad está enraizada en la materialidad: si no ligamos a Tierra y amamos quiénes somos y este aquí y ahora, caeremos en una espiral depresiva.
Solo cerrando asuntos inconclusos de nuestras encarnaciones, accederemos al real vínculo con nuestro Ser y Guías y a transformar esta vida en algo hermoso, vital y creativo. Estamos en tiempos valiosos y cruciales y no debemos desperdiciarlos en victimizaciones; hay que ayudar a Gaia y a la Humanidad a elevar su vibración.
Una forma de meditar es junto a un árbol. Le pides permiso para hacerlo y luego conectas a Tierra. Una de las muchas formas es imaginar el centro del planeta (de la manera que te venga) y que un rayo azul comience a subir hasta el Chacra de la Tierra (unos 20 cm. por debajo de tus pies) y luego se eleve por las piernas hasta el primero, segundo y así hasta llegar al Chacra del Alma (unos 20 cm. por encima de la cabeza) y prontamente llene toda tu aura. Después, imaginas un rayo dorado que viene del Universo y hace el mismo recorrido llegando hasta el centro de la Tierra y luego ascendiendo hasta el Chacra del Alma nuevamente para derramarse por toda tu aura. En este huevo dorado protector, meditas por unos 10 minutos.




