“NO” es una oración completa (¡gran aprendizaje!).

Estamos ante una enorme oportunidad social para replantearnos quiénes somos y qué queremos (aun si lo teníamos claro).  Si aprovechamos este aislamiento, podríamos realizar un cambio global inédito.

 

Escuché esta afirmación en un documental sobre mujeres de boca de Jane Fonda, contando cómo había sido su camino de ser alguien que acataba todos los estereotipos a la independencia de ser ella misma.  ¿A qué se refería?  Normalmente, las mujeres (y algunos hombres) tienden a negar algo, dando un sinfín de explicaciones y alegatos, con las cuales esfuman el contenido de su premisa, terminando en…. nada…

 

Entre otras cosas, esto viene dado porque nos acostumbran a argumentar nuestras negativas.  Como hablamos mucho (demasiado), nos perdemos en historias, disquisiciones, emociones, defensas y justificaciones, que son tomadas por los demás para rebatirlas o, simplemente, para refutarlas de plano.  Esta conducta manipuladora puede ser impugnada con un sencillo: “No”.  Si es absolutamente necesaria una explicación, es posible un: “Porque así lo decidí, ya que…”, seguido de poquísimas palabras, con el muy acotado sumario de dos o tres razones verdaderas.

 

Tengo el NO fácil.  En principio, porque vivo haciendo resúmenes en mi cabeza para ser clara y simple al expresarme; segundo, porque tengo aptitud para poner límites y, tercero y más importante, porque aprendí a decirlo.  Como todos, fui criada en la culpa, así que negarme a algo o hacer lo contrario de lo establecido era seguido de una sensación horrible que hacía que desistiera.

 

No sucedió en mi infancia, porque era inocente y mi carácter contestatario salía puro, lo que me conseguía duros castigos.  Pero, en mi adolescencia, en una época de enigmas e inseguridades, emergió la culpa con todo su poder.  Dejé de ser yo misma y traté de “adaptarme”.  La mayoría se queda en esta fase: siguiendo modelos sociales aprobados, haciendo lo que se debe, consiguiendo objetivos que vende la sociedad, sin cuestionamientos o tapándolos con más actividades cuando surgen.

 

 

En mi caso, mi naturaleza fue más fuerte y exploté con una crisis que me llevó a terapia a los veinticuatro y que continuó por distintos caminos que me restituyeron  a mi diseño original y su propósito.  ¿Por qué cuento esto ahora?  Porque creo que estamos ante una enorme oportunidad social para replantearnos quiénes somos y qué queremos (aun si lo teníamos claro).  Si aprovechamos este aislamiento, podríamos realizar un cambio global inédito.

 

Y comienza con un NO.  Se dice que, cuando uno ignora lo que desea, debe comenzar por trabajar en lo que no quiere, porque eso habitualmente es  evidente.  Y se inicia en uno mismo.  ¿Qué nos daña, perjudica, va en contra de lo que decimos que anhelamos?  La vía transitada por la mayoría es echarle la culpa a los otros, victimizarse, y no percibir las ideas, emociones y actitudes propias que atraen ese exterior tan temido y odiado.

 

¿A cuántos pensamientos repetitivos, emociones reactivas, conductas condicionadas, paradigmas obsoletos, relaciones concluidas, actividades agonizantes seguiremos dándoles energía, atención, excusas, miedo, ira, lamentaciones?  Es nuestra vida.  Esto implica aprender a soportar la culpa (hasta que se desvanezca), mientras vamos estableciendo límites sanos y metas acordes a nuestra esencia. 

 

Parece que estamos en el fin de una  adolescencia tardía: Saturno nos golpea y nos incita a hacernos responsables, a dejar de creer que no hay consecuencias para nuestros desvaríos, a aprender a ser adultos conscientes y comprometidos.  Todos lo estamos transitando y no hay escapatoria.  Hagámoslo luminosamente.  Te acompaño.

Comparte:

2 respuestas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

captcha

Sobre Diseño Humano

No te pierdas ninguno.

Suscríbete al boletín semanal

Recibe un email semanal con consejos, reflexiones y recursos, directamente en tu casilla de correo.

Categorías

Sígueme