Escuché esta afirmación en un documental sobre mujeres de boca de Jane Fonda, contando cómo había sido su camino de ser alguien que acataba todos los estereotipos a la independencia de ser ella misma. ¿A qué se refería? Normalmente, las mujeres (y algunos hombres) tienden a negar algo, dando un sinfín de explicaciones y alegatos, con las cuales esfuman el contenido de su premisa, terminando en…. nada…
Entre otras cosas, esto viene dado porque nos acostumbran a argumentar nuestras negativas. Como hablamos mucho (demasiado), nos perdemos en historias, disquisiciones, emociones, defensas y justificaciones, que son tomadas por los demás para rebatirlas o, simplemente, para refutarlas de plano. Esta conducta manipuladora puede ser impugnada con un sencillo: “No”. Si es absolutamente necesaria una explicación, es posible un: “Porque así lo decidí, ya que…”, seguido de poquísimas palabras, con el muy acotado sumario de dos o tres razones verdaderas.
Tengo el NO fácil. En principio, porque vivo haciendo resúmenes en mi cabeza para ser clara y simple al expresarme; segundo, porque tengo aptitud para poner límites y, tercero y más importante, porque aprendí a decirlo. Como todos, fui criada en la culpa, así que negarme a algo o hacer lo contrario de lo establecido era seguido de una sensación horrible que hacía que desistiera.
No sucedió en mi infancia, porque era inocente y mi carácter contestatario salía puro, lo que me conseguía duros castigos. Pero, en mi adolescencia, en una época de enigmas e inseguridades, emergió la culpa con todo su poder. Dejé de ser yo misma y traté de “adaptarme”. La mayoría se queda en esta fase: siguiendo modelos sociales aprobados, haciendo lo que se debe, consiguiendo objetivos que vende la sociedad, sin cuestionamientos o tapándolos con más actividades cuando surgen.

En mi caso, mi naturaleza fue más fuerte y exploté con una crisis que me llevó a terapia a los veinticuatro y que continuó por distintos caminos que me restituyeron a mi diseño original y su propósito. ¿Por qué cuento esto ahora? Porque creo que estamos ante una enorme oportunidad social para replantearnos quiénes somos y qué queremos (aun si lo teníamos claro). Si aprovechamos este aislamiento, podríamos realizar un cambio global inédito.
Y comienza con un NO. Se dice que, cuando uno ignora lo que desea, debe comenzar por trabajar en lo que no quiere, porque eso habitualmente es evidente. Y se inicia en uno mismo. ¿Qué nos daña, perjudica, va en contra de lo que decimos que anhelamos? La vía transitada por la mayoría es echarle la culpa a los otros, victimizarse, y no percibir las ideas, emociones y actitudes propias que atraen ese exterior tan temido y odiado.
¿A cuántos pensamientos repetitivos, emociones reactivas, conductas condicionadas, paradigmas obsoletos, relaciones concluidas, actividades agonizantes seguiremos dándoles energía, atención, excusas, miedo, ira, lamentaciones? Es nuestra vida. Esto implica aprender a soportar la culpa (hasta que se desvanezca), mientras vamos estableciendo límites sanos y metas acordes a nuestra esencia.
Parece que estamos en el fin de una adolescencia tardía: Saturno nos golpea y nos incita a hacernos responsables, a dejar de creer que no hay consecuencias para nuestros desvaríos, a aprender a ser adultos conscientes y comprometidos. Todos lo estamos transitando y no hay escapatoria. Hagámoslo luminosamente. Te acompaño.





2 respuestas
Tus palabras empoderan. Muchas gracias. Abrazos!
Te agradezco mucho tu percepción, Julieta! Esa es una de mis metas!
Te mando un cariñoso abrazo.