¿No estás harto de tu “historia”? Vive en el presente, sin sufrir.

¿Quién nos vendió que tenemos que sufrir para estar aquí, para evolucionar, para cualquier cosa? 

 

Últimamente, se han intensificado los problemas que arrastramos y que nos empeñamos en soportar.  Parece una reflexión masoquista y lo es, pero es así como vivimos nuestras vidas: contándonos una historia sufrida, a la que nos aferramos con uñas y dientes, porque ella nos define, nos da un propósito, nos brinda placer negativo.

 

No importa cuál sea ni cuán tonta o terrible sea, todos nos basamos en ciertas heridas y las convertimos en un relato victimizante, que toma el control y determina lo que vivimos.   Luego, se trata de defenderlo, de ponerlo por encima de los de los demás, de usarlo de excusa, de acariciarlo y embellecerlo, para que nos dé esa pátina de héroes: resistimos y  seguimos adelante, somos leones de la vida.

 

¿Para qué?  ¿Quién nos vendió que tenemos que sufrir para estar aquí, para evolucionar, para cualquier cosa?  Porque no se trata únicamente de existir; aun cuando estemos en el Camino del Despertar (así con mayúsculas), lo tenemos que hacer con dolor, con obstáculos.  Si no, no vale; si no tiene pesadumbre, no es verdadero.  Venimos del dolor, estamos en el dolor, vamos hacia el dolor: esa parece ser la senda de la redención.

 

¿Hasta cuándo?  Si no son los hechos, son las personas, o el pasado, o las vidas pasadas, o la familia, o lo generacional, o el sistema esclavizante, o la forma de liberar o la sanación… ¿No estás harto de que siempre sea el tema favorito?  Sin importar si estamos en la 3D o en la 5D, lo único que no soltamos es el sufrimiento.  Junto con algunos otros temas como querer tener razón, tener control, tener cosas, tener seguidores… bah, tener

 

¿Existió, existe y existirá el dolor por ciertas cosas?  Seguramente.  ¿Tenemos que aferrarnos a ello?  No.  Él profundiza nuestras experiencias y nos hace buscar mejores instancias.  ¿Es necesario siempre?  Tampoco.  Una vez que acudimos a  ser conscientes,  nos damos cuenta de los aprendizajes y los solucionamos a través del cambio de patrones mentales, de vivencias en lo cotidiano, de conexión al Ser.

 

 

Por mi parte, estoy realmente harta.  No solo no tengo energía para tanto despliegue de ego, sino que me agarra grande.  Cuando me engancho en estas tonterías, me canso de mí misma y me aburro.  ¡Otra vez!  Por suerte, me di cuenta de que no era necesario sufrir y lo abandoné con placer (preciosa contradicción), pero me sigue pegando lo que NO tengo (regalo de mi Puerta 55).

 

Entonces, me voy a las Barrancas de Belgrano, me siento en mi árbol, y le pido que me ayude a liberar las estupideces.  Lo único que ha sido constante en mi vida es el amor a la Tierra (y a los árboles en particular).  Respiro, dejo que la Energía Azul Zafiro de Gaia suba por todos mis cuerpos y la Energía Dorada de la Luz baje, danzando en un maravilloso toroide.  Me centro en mí y en mi Ser y vuelvo al Aquí y Ahora Eterno.

 

Y lo sigo haciendo en cada momento.  Dejo de aferrarme al relato que mi mente implantó; a las emociones que se embelesaron con él; a la memoria que vuelve y vuelve a lo que ya no existe; a mi Niña Interna que acaricia su herida para que no sane; a los milenarios condicionamientos de la familia, la sociedad, la religión, el sistema, lo alternativo; ya no creo en nada que haya creado mi mente, influenciada por todo ello.

 

Trato de escuchar al cuerpo, de hacer espacio entre lo que sucede y mi respuesta automática, de morar en el instante sin querer apresurar la vida, sin desear ganar algo ni perder algo, sin victimizarme ni alardear, sin expectativas.  No lo estoy logrando mucho, pero me gusta lo que va pasando.  Te lo cuento por si te sirve.  Para esto estoy, finalmente (entre otras cosas).  Al ego le gusta sentirse importante; no lo eres, yo tampoco.  ¡Qué alivio!  Respiremos y vivamos simple y conectadamente.  Abracemos la Vida.  

 

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