No hay nada gratis (y sí)

En Argentina (y en otros países), se dice que la educación y la salud son gratuitas.  No existe eso: se pagan con los impuestos de todos nosotros.  Esto se replica en cualquier otra prestación que obtenemos de esta forma, ya que siempre hay alguien que la sostiene con su dinero, trabajo, conocimientos, etc.

 

En Argentina (y en otros países), se dice que la educación y la salud son gratuitas.  No existe eso: se pagan con los impuestos de todos nosotros.  Esto se replica en cualquier otra prestación que obtenemos de esta forma, ya que siempre hay alguien que la sostiene con su dinero, trabajo, conocimientos, etc.

 

Las aplicaciones no son gratuitas, son solventadas por la publicidad.  Los cursos y videos que miramos en internet fueron hechos por personas que dieron su tiempo y capacitación para brindarlos.  Cuando le pedimos a alguien que nos dé algo sin cargo o por menos dinero, no estamos valorando su trabajo (sobre todo si ya tiene pocos recursos, como los vendedores callejeros).

 

Cuando se trata del Estado, esta actitud de creer que el dinero viene de algún lugar mágico y que tenemos derecho a ser compensados por lo que sea termina conduciendo al descalabro del mismo, porque cualquiera puede aducir que lo suyo es más importante que lo de los demás (es así para él) y, al final, el esfuerzo por pagar acaba cayendo en los que menos tienen (paradojas de la vida).

 

Cuando, algún día, comprendamos que Todos Somos Uno y que lo que le pasa al otro nos pasa a nosotros de alguna manera, terminaremos con estas actitudes egoístas y hallaremos la forma de convivir más equilibradamente, con otros conceptos acerca del dar y recibir, de garantizar el bien común, etc.

 

¿Cuál es la raíz etimológica de gratis?  Viene de la expresión “gratis et amore dei”, que significa “por la gracia y el amor de Dios”.  La Vida y nuestra vida es gratis.  Pero le hemos puesto un precio: el de la sociedad de consumo, que dicta quién cuenta más o menos.  Para comenzar a cambiar el paradigma imperante, podríamos tomar conciencia de la trascendencia preciosa de nuestras vidas y hacerlas valer.

 

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