Otro discurso (acerca de los discursos).

Tener un discurso particular es la labor de una vida y poder transmitirlo también. Cuando no la hacemos, solo somos repetidores y además malos repetidores.

 

Hace tiempo, observo una pobreza en el lenguaje escrito (y también hablado) que es preocupante.  Muchos la justifican con que la lengua es viva y cambia, pero no todo cambio es para mejor.  Creo que es un signo de la época en el sentido de no tomar tiempo para un discurso (tampoco hay discurso propio) que sea entendible para el otro (y para uno mismo).  Simplemente, se dispara una serie de ideas predigeridas en donde es más importante la rapidez con que se replica que la escucha y el sustento de lo individual.

 

En donde más me irrita es en la falta de signos de puntuación.  Largos párrafos sin comas ni puntos, totalmente ininteligibles, en los que cuesta comprender dónde termina una idea y comienza otra, además de que se intrinca tanto el significado porque, a falta de una coma, no se sabe si están a favor o en contra.  Es como hablar sin tomar aire, como una ametralladora, solo para atacar y defenderse.

 

Tener un discurso particular es la labor de una vida y poder transmitirlo también. Cuando no la hacemos, solo somos repetidores y además malos repetidores.

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