Perdiendo relaciones, perdiéndote… para encontrarte.

Te estás alejando de otros para encontrarte a ti mismo y compartir con nuevas relaciones.

En los últimos tiempos, un denominador común con pacientes y conocidos es su descontento porque están alejándose de relaciones.  Muchas de ellas son largas, de años de acompañar experiencias, pero sienten que ya no tienen cosas que compartir, que no hay un lenguaje común.  A la vez que tienen culpa por querer apartarse, perciben que es lo que deben hacer.

Algunos lo imputan a la pandemia, pero saben que este período más interno solo puso en evidencia algo que venía sucediendo.  Por un lado, hacía tiempo que continuaban con ciertos vínculos por inercia, por cortesía, por haber compartido vivencias en el pasado, por aburrimiento, por lo que sea.  Por otro lado, ante los cambios suscitados en la propia vida, necesitaban otro tipo de relaciones con quienes expresarse y manifestar lo nuevo que experimentaban

Y además, no menor, cada uno comenzó a replegar en sí mismo: se necesita mucha energía para procesar la transformación que estamos transitando.  De acuerdo a los aprendizajes que trajimos, estamos siendo enfrentados a situaciones que requieren de todo nuestro caudal físico y psicológico.  No queda mucho para compartir con otros, sobre todo si ellos traen solo quejas, cargas y demandas.

Y es que esto era lo usual en algunas de esas relaciones: juntarse para lamentarse  de lo mala que es la vida… esperando que el otro se la arregle…  Muchos han hecho el papel de Salvadores, de Rescatistas Todo Terreno, y ahora entienden que sirvió de poco, ya que se hicieron cargo de personas que nunca aprendieron a responsabilizarse por sí mismos, así que siguen exigiendo que los socorran (la Tiranía de la Víctima).

Este es un tiempo de compromiso con uno mismo.  Necesitamos interiorizarnos, conocernos, encontrar nuestro latido esencial, terminar nuestros aprendizajes, liberar el potencial.  Este es un tiempo de profundidad y autenticidad, no de consumismo voraz y pasajero de cualquier cosa como nos propone la sociedad, de relaciones “líquidas” que se escurren porque ninguno se atreve a mostrarse tal cual es, a abrir el corazón. 

En la época de la apariencia y el venderse como imagen, del hacer y tener sobre el ser, de llenarse de conocimientos que no se decantan en prácticas valiosas, anhelamos el encuentro verdadero, con nosotros mismos y con el otro.  En esa sinergia que se produce cuando nos  conectamos realmente, nos reconocemos, nos ahondamos, nos expandimos, comprendemos que el Otro soy Yo.

Sí, es un tiempo de Individualidad.  Pero no se trata de un egoísmo malsano, de un rechazo al diferente para no afrontar lo que nos espeja negativamente, de encerrarnos en ideas que nos romanticen el mundo cruel y nos alejen de la realidad.  Estas son las defensas que se erigen porque estamos perdiendo el apoyo comunitario y todavía no encontramos la entereza  interior.

La Individualidad trae la mutación, lo nuevo, la creatividad, el vivir en el aquí y ahora, la incertidumbre, un saber que no se basa en hechos comprobados ni en experiencias pasadas.  Requiere de una enorme fortaleza para no sucumbir ante los embates de lo conocido y probado de lo Colectivo ni de las leyes de la Tribu.  Pero lo necesitamos para transformar este mundo.

Lo Individual potencia con su ejemplo a los demás para que hallen lo propio.  Entre todos encontraremos otro paradigma; lo estamos haciendo, aunque no se note porque recién comienza y todo es caos y apologías.  Por eso, estás perdiendo relaciones, estás perdido y buscándote, estás descubriendo destellos fugaces y luces iridiscentes.  Persevera, sigue adelante, abre el corazón, comparte.  Te acompaño.

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