Cada vez con más asiduidad, observo la enorme aceleración con que estamos evolucionando. Admito que no pareciera, visto el actual estado de la sociedad, pero podríamos tomar las circunstancias como oportunidades para redefinir y construir otro tipo de comunidad, comenzando por los integrantes: nosotros mismos.
Seamos jóvenes o adultos, sin importar la edad, nuevas ideas y vivencias están emergiendo en muchos. Algunos, con una concepción tradicional, no encuentran explicación y tienden a considerarlas enfermedades, tanto físicas como psiquiátricas. Otros, más abiertos, las consideran un despertar espiritual; están los que se quedan en la superficie, leyendo, haciendo cursos, mentalizándolo, y están los que van a lo profundo, activando los cambios necesarios en sus vidas y siendo ejemplos vivientes.
Entre estos últimos, muchos poseen dones únicos y originales. Aclaro: todos somos irrepetibles, personas comunes que nos diferenciamos en algunas características, lo que no nos hace mejores ni especiales. Y, por otro lado, dones no significa necesariamente que sean “espirituales” (Todo es Espíritu), así que no es que deban ser terapeutas, gurúes, escritores new age, sino que pueden ser cocineros, jardineros, médicos, cualquier cosa, pero con una marca individual distintiva.
Debido a situaciones de vidas pasadas o actuales, a la enorme exigencia propia o cultural y/o a la agresión en su entorno o en redes sociales, muchos prefieren esconder estos dones a los otros (y hasta a sí mismos). Lo observo muy frecuentemente en pacientes y conocidos porque lo veo en mí misma: somos espejos. Vemos este mecanismo en los aspectos negativos, pero pocas veces nos damos cuenta de que funciona igualmente en los positivos, ya que los demás también nos reflejan la Luz que está velada dentro de nosotros.

Por distintos motivos, tiendo a invisibilizarme. Recientemente, comprendí los nexos entre esta y otras vidas, además de una cualidad que siempre me negué. No es que no lo supiera de antes (vamos vislumbrando a medida que podemos aceptarlo y sostenerlo), sino que se integró dentro de una síntesis muy actual. El efecto de esta revelación fue inmediato: surgieron situaciones instantáneamente sin que hiciera nada.
A esto me refería al comienzo: la quinta dimensión está aquí pero pocos la usan. Seguimos con los patrones antiguos (sufrimiento, esfuerzo, lucha, etc.) y no creemos que puede ser rápido y sencillo… luego de hacer la labor necesaria en nuestro interior. De esto último no se puede escapar. La adquisición de conocimiento intelectual o ciertas pautas físicas no la reemplaza, solamente ofrece un entorno adecuado, pero el rayo luminoso que nos atraviesa cuando verdaderamente conectamos es insustituible.
Mostrar nuestra originalidad es imprescindible en estos tiempos. No me refiero a ese constante narcisismo de las redes o a ser famoso, sino a brindar los dones de nuestra individualidad para la evolución de todos. Algunos tienen claro cuál es y otros lo deben conocer, pero es necesario dejar de ser las víctimas del sistema (sea cual sea) para plantarnos sobre nuestros pies terrenales, con la Luz iluminando nuestro camino y el de otros. Te acompaño.




