
La ansiedad y el estrés son productos de no aceptar el presente. La mente está ocupada en lo que podría pasar, en los planes y posiciones que habría que adoptar en las distintas posibilidades, en lo que tendríamos que actuar, en las idealizaciones de lo que deberíamos ser y hacer, en cualquier cosa menos en lo que realmente sucede.
Así, nos perdemos los mensajes del cuerpo (el único que está en el aquí y ahora) y dejamos pasar las oportunidades que surgen, las soluciones que aparecen, los placeres y disfrutes posibles. Para la mente no reeducada, lo que importa es lo que NO hay. Para la mente que vive en el presente, lo que vale es el reconocimiento de la abundancia actual, fluyendo con lo que la vida trae.




