Soy una procastinadora serial. ¿Qué significa esta palabrita de moda? Que pospongo cualquier cosa con cualquier excusa: estoy cansada, no tengo ganas, no estoy inspirada, mejor espero el momento adecuado, me falta preparación, me salió mal las otras veces, estoy baja de energía, me siento depre, estoy muy contenta para eso, tengo que terminar la miniserie, qué hay en las redes, voy a llamar a una amiga… y estas son solo algunas…
Quizás, te identificaste con ellas y pensaste: “No creí que a ella le pasara”. La mayoría somos así, pero lo ocultamos bastante bien porque da mala prensa. En esta sociedad, debemos ser proactivos, entusiastas, voluntariosos, dinámicos; tenemos que desear (lo que sea) y ponerlo en acción enseguida (como sea). Es una exigencia muy poco realista, porque casi todos tenemos diseños de espera y nuestra estrategia es más bien fluir con la vida, no apurarla y empujarla.
En medio de este imperativo de estar ocupados continuamente en cosas que no queremos hacer, se cuela lo que sí nos gustaría lograr. Y aquí entra la resistencia: ¿por qué nos cuesta eso que tanto queremos? Porque nos da miedo. La paradoja es que el temor nos indica y nos ratifica que justamente eso es lo debemos hacer, o ser, por lo que dudar de nosotros es un indicativo.

Así que, si no estás muerto de miedo, no es lo tuyo. Entonces, ¿debes primero vencerlo para intentarlo? No, no funciona así: tienes que enfrentarlo mientras sucede; de lo contrario, perderás tiempo y energía con las suposiciones y mentiras que imaginas en lugar de con las realidades que aparecen. A esto súmale que te asociarás con otros para postergar, sea porque tienen tu mismo temor o porque les cambiará su vida lo que consigas, así que te criticarán o te boicotearán para que desistas.
Tú los dejarás porque te conviene, así no sales de tu comodidad de justificaciones, pero, a medida que pasa el tiempo, te vas sintiendo cada vez peor, vacío, enojado, frustrado, más incómodo. Lo que verdaderamente eres, lo que viniste a dar, el talento que posees presiona para que lo dejes emerger, para salir a la luz. Puedes tomar esa tensión y usarla para comenzar en lugar de taparla y perder energía sin sentido. Cuesta (¡y mucho!) pero, cuando rompes la resistencia y comienzas a dejarte fluir con lo que surge, es tan satisfactorio que quieres más y más.
Entonces, entiendes que el miedo encubría tu verdad, que era el Gran Guardián de tu Ser que tenías que enfrentar y que no era tan temible como fantaseabas. También, te das cuenta de cuántas posibilidades existían dentro y fuera de ti que no habías descubierto. Las sincronicidades se revelan y te facilitan las cosas. Ahora, las resistencias parecen haberse desvanecido, pero… ¡cuidado! Ahí están, aguardándote en el medio o al final del camino.
Los miedos y las dudas resurgen y tienen un sentido: profundizan, expanden, te muestran nuevas capas o fases, te conectan a otros niveles, te exprimen un poco más. Continúa, lo lograrás. ¿Y listo, se terminó, ya eres perfecto, intrépido, omnipotente? No, seguirás abriéndote a nuevos desafíos, pero ahora sabrás que puedes, que el miedo es una señal, que es maravilloso ser tú mismo y hacer lo que surge de tu corazón. Te acompaño.




