
Ponemos mucho cuidado a lo que nos llevamos a la boca y sus consecuencias en nuestra salud, pero pocas veces nos damos cuenta de que el alimento que más nos afecta es el mental/emocional.
¿Te llenas de odios, resentimientos, quejas, culpas, humillación, sufrimiento? Mátalos de hambre. Deja de prestarles atención, deja de hablar de ellos, deja de dramatizar. Poco a poco, se minimizarán.
¿De qué deseas nutrirte? ¿Qué quieres que crezca y se desarrolle? ¿Cuáles son tus cualidades y posibilidades? ¿Con quiénes te gustaría estar para que se valoren y se animen mutuamente, para sonreír y festejar, para contener y motivar? Dale atención a lo que te ayude a crecer y brillar.




