
He escuchado esta frase de muchos Generadores: “¿Por qué no lo voy a hacer si no me cuesta nada?”. Entonces, suman los pedidos de los hijos, los nietos, la pareja, los amigos, los conocidos… Son pequeñas cositas cotidianas, tonterías fáciles (y no tan fáciles ni tan tontas), pavaditas que uno hace porque puede y le salen del corazón (dicen ellas, porque la mayoría son mujeres).
A una cierta edad, esa suma se convierte en una montaña, que cargan sobre sus espaldas, junto con una cantidad considerable de personas que se colgaron de ellas. La energía decae y se sienten exhaustas o, por lo menos, cansadas de tanto ajetreo y demandas, de no poder poner límites, de no conocerse y vivir para los otros.
Cuando eso sucede, es hora de volver la mirada adentro, en lugar de responder a cada mirada externa, y de comprender el verdadero manejo de la energía, afirmando la propia, el propio deseo, el propio camino.




