
Charlando con pacientes que tienen que convivir forzosamente con familiares estos días, salta lo difícil que puede volverse esta situación con el tiempo. Cada uno está acostumbrado a sus rutinas y los roces reiterados pueden escalar a agresiones y violencias. Por eso, sería conveniente establecer una nueva rutina, ya que ella ordena y trae tranquilidad y una sensación de normalidad.
Los horarios cotidianos de levantarse, comer, bañarse y demás actividades contemplarían la disposición actual. Poner tiempos para trabajar, hacer ejercicio, jugar, arreglar la casa, etc. organiza y mantiene un flujo adecuado. Los niños y adolescentes tendrían sus horas de estudio pautadas y pueden comenzar a aprender habilidades básicas que les ayudarán más adelante, como ordenar sus cuartos, cocinar, lavar, etc. Suena utópico, pero se les da demasiado sin enseñarles a obtenerlo por ellos mismos, transformándolos en seres insatisfechos y demandantes que luego no tienen recursos para manejar la frustración.
Si se les explica que esta es una circunstancia excepcional, que requiere medidas excepcionales y que todos debemos colaborar para mantener un cierto orden y respeto por todos, pueden comprender. Es difícil, pero sería una buena oportunidad para poner los límites necesarios, que se dejan pasar en situaciones normales. Por lo menos, es importante charlarlo. Lo que se pueda lograr en estos temas será siempre ganancia.




