
Hace tiempo que raramente me emociono por hechos dramáticos, neuróticos o maliciosos. Pero me saltan las lágrimas por pequeños sucesos llenos de amor, compasión, inocencia (como la mirada de un bebe) o valor anónimo. Estos días, lloro instantáneamente al escuchar a un médico angustiarse, a una abuela hacer barbijos con sus manos temblorosas, a personas comunes sacrificarse amorosamente.
Sacrificio suele asociarse a comportamientos suicidas o a personas que se desviven por los demás para ser reconocidas o validadas. La palabra proviene del latín «sacro» + «facere»; es decir, «hacer sagradas las cosas», honrarlas, entregarlas. Reverenciemos la vida, entregando el corazón.




