Leí acerca de un experimento fascinante: en un laboratorio, pusieron pulgas en un frasco; quizás no sepas, pero ellas pueden saltar ¡hasta 200 veces su tamaño! Así, que lo hacían hasta más allá del borde.
Pero, resulta que pusieron una tapa y la dejaron por tres días. Cuando la sacaron, las pulgas solo saltaron hasta el borde. Nunca más volvieron a pasarlo. Y aquí viene lo más escalofriante: sus descendientes tampoco lo hicieron. Aunque tenían la posibilidad, el condicionamiento fue más fuerte.
Estamos influenciados por el entorno.
¿Te sorprende? Pues a nosotros nos pasa lo mismo… Heredamos una enorme cantidad de limitaciones y ni siquiera nos damos cuenta. Las damos por sentadas y crecemos dentro de un frasco imaginario, que no nos permite explorar nuestros potenciales.
Si a esto le sumamos las lealtades familiares invisibles, tenemos cartón lleno. Ellas son un conjunto de expectativas, creencias y sentimientos que se van pasando de generación en generación, haciendo que nos sintamos culpables si los superamos, con lo que permanecemos prisioneros dentro de esos cánones.
Un ejemplo: una persona crece dentro de un linaje en el que alguien fue muy exitoso en los negocios, pero, a causa de ello, perdió su familia. Las siguientes descendencias tienen el mandato inconsciente de que no “saltarán” fuera del borde, por temor a que les suceda lo mismo. Esa persona no será más rica que la mayoría; incluso si existe la alternativa, la boicoteará.

¿Qué nos estamos perdiendo?
¡A qué carencias de talento, felicidad, bienestar, prosperidad nos estamos enfrentando! Es tan lamentable, pero es normal. Todos estamos cableados de esta forma. Se requiere un gran trabajo personal para tomar conciencia de que somos mucho más de lo que creemos, de lo que vemos en nuestro entorno, de lo que nos inculcan, tanto familiar como socialmente.
Y también funciona al revés: a veces, traemos grandes dones genéticos, pero nuestras inseguridades o el ambiente hacen que no nos demos cuenta, con lo que los desaprovechamos. Soy un ejemplo: mi creatividad es heredada y yo creía que no la tenía. Los demás sí la veían y, con el tiempo, fui sacándola y comprendí para qué servía.
Vivimos en un frasco (¡escápate!).
Y lo peor es que, no solo podemos saltar fuera del borde, sino que es posible salir del frasco. Ese es un pensamiento innovador. Es tener la libertad de ser quienes somos y hacer lo mejor para nosotros mismos y los demás. Sin los condicionamientos dañinos y limitantes que acarreamos.
Obviamente, estamos rodeados de auras que nos influencian, que nos coartan o nos permiten sabiduría, pero está en nosotros saber por dónde nos entran y elegir un mejor entorno. Cuanto más auténticos seamos, más sencillo será crear un flujo que nos conecte con nuestros potenciales y la Luz que portamos.


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