
Recuerdo este dicho frecuentemente cuando leo ciertas cosas en diarios y redes sociales. La mayoría de las noticias y artículos tienen una ideología de base, lo cual no sería problema si no la ocultaran bajo la suposición de «neutralidad». Tener distintas formas de ver el mundo nos ayuda a crear la nuestra.
El inconveniente aparece cuando se tergiversan los hechos para acomodarlos a la ideología propia, lo cual hacemos todos, a veces sin darnos cuenta. Que se realice a nivel público y con intereses turbios, ya amerita desconfianza como mínimo.
Con el auge de Internet, a esto se agregó inventar noticias o supuestos «estudios de la Universidad de π√∆#$$» o estadísticas manipuladas, todos atribuidas a los opositores, para crear más odio entre las grietas. Un ejemplo: si estoy en el lado A, falseo que los del lado B hicieron algo terrible, y me aseguro el rechazo y el aborrecimiento.
Por eso, cuando leas algo que te parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo sea… por más feliz que te haga. En realidad, mejor no creas nada y confía en tu propio criterio.




