Siempre puede ser peor…

Cuando las personas se angustian por lo que les está pasando ahora y desean cambios rápidos para subsanar el problema, no piensan que, lo que les parece terrible en este momento, puede ser una nadería el día de mañana. 

 

Cuando las personas se angustian por lo que les está pasando ahora y desean cambios rápidos para subsanar el problema, no piensan que, lo que les parece terrible en este momento, puede ser una nadería el día de mañana.  El recurrente rompimiento de reglas comunes y la omnipotencia suelen dar malos resultados y, en estos momentos, peores.

 

Aprendí esto de una forma extraña hace muchos años.  Iba a alquilar un departamento y tenía que ir a firmar el contrato al centro de la ciudad.  El pronóstico anunciaba diluvio directamente, pero yo me había comprado un piloto, unas botas y un paraguas, todo nuevito y precioso, así que decidí ir.  Tomé un colectivo que tenía que cruzar una avenida que siempre se inundaba.  Cuatro cuadras antes, el congestionamiento de vehículos era impresionante y nadie pasaba.  Me bajé y caminé; el agua subía a medida que avanzaba, pero yo tenía mis botitas.  Me llegó a las rodillas, pero no me iba a mojar por mi piloto y mi paraguas nuevos.  Vi personas tomándose de las manos para cruzar y… ¿por qué no?  Seguí y el agua rápidamente me llegó al cuello; ahí me di cuenta de que la corriente me podía arrastrar y terminaría ahogada (porque me iba a desesperar al no saber  nadar) o en el río a través de una boca de tormenta abierta.  Final de la historia: logré cruzar a duras penas y fui a la oficina de un amigo (previa compra de ropa interior y un vestido).  Tuve que esperar horas antes de poder volver.  Por supuesto, la firma del contrato se hizo otro día, porque los dueños fueron lo suficientemente cautos para no salir.

 

Mi intrepidez, omnipotencia y estupidez me hicieron continuar, pensando que “no puede ser peor que esto”.  Aprendí que sí puede ser y que tenemos que escuchar al cuerpo y sus alertas.  Las sentí pero las ignoré.  No hagamos esto ahora.  Sobre todo porque nuestra falta de cuidado no solo la sufriremos nosotros (o no) pero sí los demás.  ¿Es todo mentira, tienen razón los conspiranoicos?  No importa.  Aprendamos, comprendamos que somos parte de una trama, que no estamos solos, aprendamos a ser solidarios.

 

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