
Ver los canales de aire y de cable es una tarea para estómagos fuertes. No solo ocupan largas horas en elucubrar tonterías acerca del último crimen mediático sino que ahora no paran de elaborar teorías conspirativas y sembrar el pánico con el Coronavirus. A pesar de que los médicos le restan importancia, porque tiene una tasa mínima de mortalidad y su remisión es alta y segura (además de que no se propaga rápidamente como plagas de antaño), igualmente los medios sobrecargan cualquier nuevo caso, llenando de miedos infundados a la gente. Es nauseabundo.
Hay mucho detrás de esto: el crecimiento de China, la reelección de Trump, el uso de este tema (y de otros, como el feminismo y las cuestiones de género) para tapar el estrago del capitalismo, los grandes intereses globales, las brechas entre los extremadamente ricos y el resto, la oligarquía financiera, y otras cuestiones que es mejor encubrir.
Como siempre, solo la conciencia nos salvará de caer en las redes de la desinformación y la manipulación. Seamos cautos y responsables.




