Cuando se instalan ideologías como el: “Yo puedo todo”, también se emplazan las consecuencias de algo tan inverosímil. 

 

Cuando se instalan ideologías como el: “Yo puedo todo”, también se emplazan las consecuencias de algo tan inverosímil.  Si creemos que cualquier cosa es posible, si tenemos expectativas exageradas, si vivimos rechazando lo que hay para anhelar lo que fantaseamos, si idealizamos personas y situaciones, es normal que terminemos desilusionados de nuestras “pobres” vidas.

 

De ahí, hay un paso para considerarnos un fracaso, una decepción, para estar constantemente frustrados.  Pero resulta que eso es un juego de nuestra mente colonizada, de nuestro Niño Interno insaciable y no sanado.  No es real.  Ese sufrimiento autoimpuesto no es verdadero.

 

Solo conociendo nuestro diseño original y siendo lo que vinimos a ser, liberando el potencial que traemos, disfrutando lo que se presenta, es que nos sentiremos satisfechos y valorados.  Todo lo demás es una ilusión que nos vende el sistema, una forma de validación externa que jamás nos contentará, porque solo podemos estar completos siendo nosotros mismos.

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