Creo que no pasa un día en que no me entere de alguna adversidad que me/le sucede a amigos, conocidos, pacientes, al mundo. Todos estamos cansados, estresados, en carne viva, saturados de acontecimientos que nos atraviesan continuamente y que parecen interminables. Observo que los que más lo sufrimos somos los que, supuestamente, estamos más despiertos (no es cierto, ya que, a menos conciencia, menos manejo del sufrimiento).
Lo digo en forma hipotética porque hemos creído que ya estábamos listos para las maravillas… y no pasa nada o pasa de todo… menos lo que esperábamos. Se alejan personas, se incrementan las peleas con los familiares, se pierden empleos, aparecen enfermedades, ¿dónde está la recompensa al final del arco iris? Por más libros leídos, grupos espirituales atendidos, cursos hechos, sufrimientos superados, tomas de conciencias transitadas, ¿no es suficiente?
No. Para comenzar, el desafío es enorme, ya que no es solamente individual, sino colectivo, planetario y universal, todos los niveles están incluidos. Por otro lado, no hemos hecho verdaderamente los cambios que nos debíamos: darnos cuenta no significa concretarlos. Los arreglos cosméticos no cuentan, porque esto es tan potente como morir en vida (no es metáfora). Las “realidades” y las ilusiones del ego no sirven en esta etapa; por eso, se caen una tras otra y nos obligan a ir más profundo, a encontrar la verdad detrás de las buenas intenciones.
Obviamente, nos resistimos de muchas formas: la hiperactividad, la sobreestimulación, los placeres, la ascensión social, la infinita variedad de ofertas de todo tipo que ofrece la sociedad de consumo son grandes aliados. La falta de límites los estimula: no sabemos decir NO, ni a los demás ni a nosotros, por lo que caemos en una sucesión de actividades inoperantes, conducidas por una mente febril e inagotable, que termina extenuando y enfermando al cuerpo.
En realidad, lo que hay es una exteriorización, un blanqueamiento de lo que no queríamos o podíamos ver: esa pareja se acabó, ese trabajo ya no sirve, esa relación no da para más, esa forma de vida nos está consumiendo, esa personalidad que adoptamos no somos, esos deseos no son nuestros. Estamos en terreno de nadie y todavía no sabemos para dónde ir. En principio, aceptemos que esta etapa es necesaria: pelearnos con ello, ignorarlo y querer retener no colaboran, hacer drama tampoco (aunque ahora hay una tendencia a dejarlo atrás que ayuda).

¿Cómo atravesarla?
- Las corazas y los blindajes que hemos construido para “cuidarnos” se caen y mostrarnos tal como somos es liberador; llorar y enojarnos está bien; sentirnos vulnerables nos conecta con nuestro corazón y nos permite ser fuertes desde el enraizamiento, la amabilidad y la verdad.
- Nos vemos llevados a sanar los traumas (aprendizajes) del Niño Interior, el karma, los lazos ancestrales, la herida inicial, la conexión al Universo.
- Entendemos que debemos cambiar nuestra forma de vida en todos los sentidos, y esto es muy personal; no manipulemos con nuestras decisiones a los demás, haciéndolos sentir inferiores o malos.
- Dejemos de querer salvar o misionar o enviar Luz, como una manera de no habitarnos o de ser especiales. Primero ocupémonos de nosotros y seamos ejemplos (ya tenemos demasiado con esto); no impongamos nada a quien no esté listo o no lo desee; no enviemos amor o luz sino “lo que sea para el mayor bien de Todo Lo Que Es”, desde un corazón limpio y no desde la pena, el miedo o la ira. Lo que hagamos sin permiso o desde la imposición o “por amor”, solo empeorará la situación, porque poseemos libre albedrío y cada uno tiene su proceso (al igual que la Tierra).
- La aceptación y la entrega son fundamentales. Cuando dejemos de luchar contra lo que es, por no comprender las reales causas y consecuencias, todo encontrará su lugar y su tiempo. La mayoría está cableada para Hacer y cree que debe ir a pelear las batallas afuera para cambiar. Este es un tiempo de Ser y de Hacer desde el Ser; lo que no se atenga a eso, no transformará ni conseguirá nada efectivamente.
- Conectemos con la divinidad, que es creatividad. Tenemos tiempo para cualquier cosa menos para vincularnos con nuestro interior, todos los días, de la forma que sea adecuada para cada uno; para observarnos en las interacciones, transmutarnos y sanarnos; para conectar con la creatividad que somos de la manera que nos salga.
- Nosotros somos el cambio, hemos pedido estar aquí y ahora, seamos responsables por él.
Estas sugerencias son solo algunas cosas que se me ocurren ahora. Explora las tuyas, no hay labor más importante y sagrada que esta, ya que será el germen de lo que vendrá. Si deseamos un mundo mejor, seamos protagonistas. No tiene que ser nada glorioso ni admirable: busca tu paz, sé amable, aprende, conecta, ama.




