
El otro día, escribía acerca de cómo usamos excusas para no poner en práctica los cambios que necesitamos. Observo que, cuanto más información y desarrollo tiene una persona, más elaborados son los pretextos.
Alguien con poco trabajo en sí mismo tiende a no saber las razones por las que hace algo. Alguien con mucho trabajo tiende a sofisticar y complicar las razones que conoce (y las que no también). La mente tiene muchos trucos y, cuanto más enredadas y “superiores” son las justificaciones, más se escuda en su estructura.
Debemos ser brutalmente honestos con nosotros mismos y no excusarnos en NADA. A la vez, implica tenernos compasión y ser amables: somos humanos, todos pasamos por los mismos procesos, y es cuestión de aprender, no de castigarnos por ello.




