¡Tantas cosas han sucedido (adentro y afuera) en estos tiempos! ¿Te puedes reconocer? ¿Te has dado cuenta cuánto han cambiado tus puntos de vista, tus prioridades, tus emociones, tus relaciones, muchas cosas? ¿Adviertes lo que te has movido sin dar un paso?
Este tiempo nos ha dado tiempo para observar lo que no queríamos ver, para destapar lo que habíamos ocultado. Como me dijo una paciente: “No es que no lo supiera, es que me llenaba de actividades para evadirlo, porque le tenía miedo”. Quizás, el miedo que sacó esta pandemia afuera hizo que nos conectáramos irremediablemente con lo que teníamos que enfrentar.
Lo que más surgió en los consultantes fue el desenmascaramiento de las ilusiones que se arrastraban por años. Escondidas en lo más profundo, todos guardábamos un modelo de lo que deberíamos ser, unas relaciones perfectas que viviríamos, una misión universal que daría significado a nuestras existencias, un status social y económico que solucionaría magníficamente los problemas cotidianos, una madurez psicológica y espiritual que sería la coronación de lo que vinimos a ser…
Estos ensueños son solo un resumen de los cientos de cuentos que nos hemos contado para soportar las heridas, el abandono, la desvalorización, la ignorancia, las exigencias, la subsistencia diaria. Es tan duro sobrevivir en este mundo inhumano y desalmado que hemos inventado fantasías para seguir adelante, creyendo que somos poco, insuficientes, inadecuados.
Sí, es inhumano porque demanda perfección, algo inexistente en esta dimensión, y actividad constante, algo que destroza al cuerpo (y al placer inherente), que precisa calma, bienestar, descanso para funcionar. Sí, es desalmado porque es solamente material, no contempla la conexión a la Naturaleza ni al Espíritu. El modelo social imperante es un robot programado por el amo.

Es tan común que no lo vemos, es tan obvio que lo sufrimos sin quejarnos. La mayor r/evolución es aceptarnos como somos, es encontrar el valor original de nuestro diseño individual y vivirlo con conciencia y abundancia. Para ello, necesitamos desprogramarnos y reescribirnos, descondicionarnos y ser auténticos, desaprender para movilizar los recursos que traemos y lograr otros nuevos.
Esa imagen idealizada que hemos sostenido nos está impidiendo disfrutar la vida que podemos tener positivamente. Cuando nos bajemos del ego inflado, conectaremos con las raíces reales y seremos verdaderos. Tendremos que cortar con los lastres del pasado y con los mandatos internos y externos. Esto lleva tiempo, perseverancia, sinceridad, valentía, pero no es algo que podemos evadir: se nos impone, es inevitable.
¿Qué hay de malo en ser tú mismo? ¿Qué pautas ilusorias necesitas llenar para sentirte valioso? ¿Quiénes te encadenan como un esclavo moderno, a fin de que rindas más, des más, compres más, en lo personal y en lo social? ¿Qué crees que te falta, que es tan importante que te rindes a una vida mediocre y vacía? Nada te falta. Eres suficiente tal cual eres y siempre lo has sido.
Deja de proyectarte en una imagen falsa, en un futuro impredecible. Respira y vive ahora, toma las oportunidades que tu alma te está brindando cada día para retornar a tu individualidad única y creativa. Eso es todo. La vida se irá desplegando a medida que camines, que madures, que te sientas feliz y agradecido de ser tú mismo.




