
Acostumbramos generalizar con estas palabras, pero en unas cuantas ocasiones suele ser muy perjudicial. Un ejemplo clásico: “Todos se van a reír de mí si lo intento”.
Tenemos que tener mucho cuidado con palabras definitivas como “todos, nadie, nunca”, porque nos excusamos en ellas para no probar un cambio y así cerrar una experiencia que nos abriría a una nueva posibilidad. Debemos preguntarnos: “¿Quiénes son todos?: ¿mi madre, mi pareja, los amigos, un jefe?”.
Con esto, acotamos el universo. Sí, cuando decimos todos nos referimos al universo entero de personas; nadie es ninguna persona en este mundo; nunca es jamás en todos los tiempos. Parece solo una cuestión de semántica pero no lo es, porque nuestra mente realmente sistematiza de esta forma y se vuelve ansiosa de las repercusiones a todo nivel.
Particularizar nos ayuda a poner las cosas en perspectiva: “Mi pareja se va a reír si ensayo algo distinto”. Aquí entra el otro tópico: le tememos a la equivocación. Esta sociedad perfeccionista e insegura, nos advierte de los errores como si fueran algo malo cuando no existe ningún aprendizaje que no esté basado en Prueba y Error. Entonces, es necesario serenarnos aceptando que nos vamos a equivocar, que no nos saldrá bien de entrada, que lo importante es comenzar y continuar hasta que encontremos nuestra forma de realizarlo y seamos exitosos.
La próxima vez que te escuches decir: “Todos me juzgarán; nadie me querrá; nunca voy a poder”, detente y reconstruye la oración: “Algunos me criticarán, pero eso servirá para aprender más rápido; no voy a gustarle a todos, lo importante es que alguna persona me quiera; voy a intentar hasta conseguirlo”.





2 respuestas
Muy buen articulo porque esa culpa es un lastre que muchos cargan encima y se llenan de dolor o ilcluso violencia por ello y nunca son quienes realmente desean ser genuinamente. Un abrazo compañera
Muchas gracias, Marissa! La culpa de no ser… Escuchemos al corazón.
Te mando un cariñoso abrazo.