Transitando el camino del corazón, paso a paso

Cada uno está haciendo el suyo, a su tiempo, a su manera.  Ninguno es mejor ni peor, todas las contribuciones sirven y son adecuadas a un bien mayor, aunque no lo sepamos en el momento.  Sigue, paso a paso, con conciencia, no trates de apurarte ni de poner expectativas. 

 

¿Estás más consciente últimamente de las guerras de tu ego, de la necesidad de conectarte con un nivel más pacífico de existencia, de saber quién eres y cómo puedes aportar?  ¡Bienvenido a este tiempo!

 

Estamos abriendo capas de conciencia, una tras otra, de múltiples vidas, conteniendo los aprendizajes convenidos, y se siente fuerte…  Al darnos cuenta de situaciones que veníamos negando o escondiendo, nos topamos con las consecuencias y vemos la necesidad de completarlas.  Si las tomamos desde este lugar, se hacen más sencillas, pero, si nos victimizamos, comienza la guerra.

 

En principio, con los demás.  “Ellos” (la familia, los jefes, los amigos, el país, la vida) son los culpables de nuestro estado: “Todo estaría bien si no fuese porque ellos “me” hacen tal cosa”.  Pasado este período ilusorio, comenzamos a caer en la cuenta de que “nosotros” somos los que estamos creando esas circunstancias, así que empieza la guerra interna: “Soy un estúpido, sigo haciendo lo mismo, no aprendo nunca”. 

 

En definitiva, siempre buscamos culpables (la última etapa es Dios: “Él no me quiere”.).  Desde esta posición, es imposible resolver nada, porque la guerra se da entre bandos, entre enemigos; hay una división que separa los buenos de los malos.  Entonces, ¿de qué lado nos ponemos?   A veces de uno y a veces de otro.  Esto es lo que debe acabar: el primer paso es integrarnos. 

 

 

Primero adentro, trayendo todas esas proyecciones que pusimos en los otros.  Somos buenos, malos, generosos, destructivos, soberbios, maravillosos y todo lo que es posible.  Al aceptar esos aspectos e integrarlos como partes de nuestro Yo, podemos aprender lo que lo “malo” revela y resolver el dilema.  La otra división, la externa, lleva más tiempo, porque la realización de “Todos Somos Uno” es la que más nos cuesta comprender y vivenciar.

 

Los pasos iniciales tienen relación con esa búsqueda de paz, de armonía, de concordia que estamos sintiendo.  Ya nos resulta inaceptable tanto drama, tanta queja sin sentido, tanta victimización (incluso propia), tanta agresión y violencia.  Nos alejamos de personas y situaciones que la manifiesten y reconocemos aquellas que nos serenan y expanden.  Poco a poco, vamos teniendo encuentros más profundos con almas afines y son mágicos.

 

En esta inmersión en nosotros mismos, vamos descubriendo preciosos aspectos que queremos explorar y desarrollar, porque sentimos la necesidad de ayudar, de colaborar, de hacer nuestro aporte particular, ese que viene de nuestro corazón, de nuestra unicidad original.  Cuando dejamos de pelear con el ego (el propio y el de los demás), tenemos la energía para Ser en Acción: poner en servicio lo que somos.

 

¿Estás transitando este camino?  Seguramente, de lo contrario no estarías leyendo esto.  Cada uno está haciendo el suyo, a su tiempo, a su manera.  Ninguno es mejor ni peor, todas las contribuciones sirven y son adecuadas a un bien mayor, aunque no lo sepamos en el momento.  Sigue, paso a paso, con conciencia, no trates de apurarte ni de poner expectativas.  Valora, aprecia, agradece, vive simplemente.  Te acompaño.

 

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