Tu cuerpo no distingue fantasía de realidad.

Comprende que la mente excita al físico con sus elucubraciones, la mayoría insanas y catastróficas. 

 

¿Te llama la atención esta enunciación?  Probablemente, pero la actúas sin darte cuenta.  Un ejemplo muy simple: estás mirando una película y, aun sabiendo que es eso una actuación, lloras, ríes, te enojas, te atemorizas.  Tu cuerpo reacciona a lo que está sucediendo, sin importarle si está pasando en la pantalla o en la vida.

 

Esto puede ser inofensivo, pero toma conciencia de que también lo haces en situaciones que te dañan mucho.  Otro ejemplo sencillo: frente a un futuro incierto sobre algún tema que te preocupa, comienzas a conjeturar escenarios terribles, por lo que te cuerpo se llena de hormonas de estrés; tu imaginación escala y sientes miedo, hasta lloras pensando en las pérdidas que tendrás, en lo horrible que será tu porvenir… ¿Sucedió algo de eso?  No, pero lo estás experimentando ahora (y, en algún punto, lo estás creando).

 

Comprende que la mente excita al físico con sus elucubraciones, la mayoría insanas y catastróficas.  ¿Cómo puedes usarlo para tu provecho?  Justamente, llenándote de hormonas de placer, de alegría, de entusiasmo, al imaginar hermosas circunstancias o, si te cuesta, pensando que puedes con lo que sea que suceda, siendo neutral.

 

A su vez, la postura corporal condiciona lo que pensamos.  Si estás sentado cabizbajo, con la espalda doblada, respirando superficial, seguramente no te sentirás muy bien contigo mismo.  Párate, muévete, respira profundo, sonríe, dite cosas positivas y verás cómo cambias de ánimo.  Mente y cuerpo son una unidad: llévalos hacia tu mejor potencial.

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