“¡¿Se puede trasplantar la mente?!”, me dice, riéndose, una paciente; “No, pero se puede reeducar”, le contesto. Ciertamente, esta es LA época para hacerlo, porque nos están bombardeando con tanta información que corremos el riesgo de terminar siendo Repetidores Seriales, desenfundando el arma que es la mente ante cualquier estímulo, con balas que no son nuestras.
Hay algunos como mi paciente, que se obsesionan con ideas que rumian una y otra vez, cual vacas cerebrales, y hay otros que pasan de unas ideas a otras cual platos de equilibrista, con la misma velocidad pero con menos fortuna, estrellándose unos cuantos. Son dos formas de conceptualizar y están casi parejas en la humanidad. Lo que no lo está es cómo dejamos entrar esas ideas.
El 70% estamos abiertos a que nos ingrese toda clase de basura y, es más, la buscamos con alegre despreocupación. Nos encanta llenar ese agujero sin fondo, así que dejamos despejado el oído (y la vista) a cuanta hipótesis ande dando vueltas sobre casi cualquier cosa. Luego, cada uno lo procesa de acuerdo a las dos formas que detallé antes, con las particularidades propias.
Explico esto porque desde marzo, y por cuatro meses más, tanto la forma de penetrar como la de conceptualizar están fijos, definidos, en la humanidad. ¿Qué significa? Que se repiten nociones una y otra vez, en un círculo vicioso, como si fueran verdades absolutas que todos deben aceptar. Se profundiza sobre ellas, se revisan meticulosamente, se inventan palabras altisonantes, pero no se está accesible a otra posibilidad.

¿Qué significa para ti? Si eres de mente abierta, te taladran el cerebro, te presionan, te quieren convencer, eres el depositario natural de las teorías de los que están seguros de su saber. Si eres de mente definida, te aferras a tus ideas y no paras de llenarte de más y más información que coincida con tu forma de pensar. Esto es igual para cualquier lado de las grietas instaladas en la mayoría de los lugares.
¿Cuál es la consecuencia para todos? Ansiedad, estrés, hartazgo, agotamiento, enfermedades, manipulación a diestra y siniestra. La mente viaja a la velocidad de la luz en el tiempo lineal (pasado, presente, futuro). Quiere todo, puede todo (eso es lo que cree). El pequeño problema es que está en un vehículo que es lento y limitado, el cuerpo, que vive en el aquí y ahora. ¿Se entiende la complicación?
La sociedad capitalista ha hecho estragos con esta contradicción: le habla a la mente para que consuma cualquier cosa y usa al cuerpo como una máquina para que la consiga. Si no despertamos a esta falacia, seremos destruidos por nuestra estupidez. No es llenándonos de más información, creyendo lo que sea, viviendo en piloto automático, como saldremos de este atolladero.
Nos enseñaron que, pensando mucho algo, lo resolveremos. No es cierto. En esa velocidad que maneja la mente, sea obsesionada con una cosa o abierta a muchas, solo causa más confusión y oscuridad. Paradójicamente, la única forma de entender es relajarse y esperar. No sabemos relajarnos y odiamos esperar. Dos cosas a aprender. Las respuestas llegan en el silencio y la calma.
Podemos usarlo como mantra: “Cuanto más tranquilo esté, más rápido vendrá la solución”. Porque no viene desde la mente (aunque la capta y la conceptualiza), viene desde el cuerpo y el Ser. Dejemos de ser repetidores de ideas de otros, dejemos de ser autómatas, conectemos con nuestra verdad. No hay nada más costoso que no conocernos. Todos tenemos algo que aportar al gran Diseño Universal.




