A lo largo de los años, fui entendiendo que muchas de las propuestas del amplio campo de lo alternativo tenían poco de alternativo y bastante de “oficial”, pero con un tono amable y positivista que las hacían más digeribles y distintas. En el fondo, la ideología capitalista y consumista de la sociedad se había filtrado y era muy victoriosa.
Una de las peores ofertas es: “Tú puedes todo”. Por supuesto, es una mentira evidente, pero una que al ego le encanta. Siendo carente e incompleto de base, el ego se engancha en la ilusión de que, con suficiente esfuerzo y lucha, podrá con cualquier cosa y logrará ser exitoso en ellas, lo que lo llevará a ser reconocido y amado (su gran meta).
No podemos todo. Esta es una experiencia en limitación, por lo que solo podemos lo que tiene relación con nuestro diseño y sus cualidades y aprendizajes (¡lo que ya es muchísimo!). El proponernos metas más allá de ellos solo nos trae sufrimientos, desilusiones y conflictos inútiles. Y, sin embargo, ahí vamos, llevados de la nariz por el ego y el sistema, como soldaditos inexpertos en un campo de batalla impiadoso.
Cuando dejé de estar en empresas y comencé como independiente, me di cuenta cuántas personas trabajaban mucho más en sus emprendimientos, dedicándoles horas y horas, pero contentas porque ahora estaban liberadas y autónomas. No me cerraba esa idea: lo que me interesaba de no estar atada a horarios y mandatos era trabajar menos, ganar más y tener tiempo para mí.

Hace un año, conocí la labor del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, y no pude menos que acordar con sus ponencias, porque las he ido observando en estos tiempos en que todo parece diferente pero es lo mismo. Una de las cosas que dice es que ya no necesitamos el yugo de los jefes porque ahora nos autoexplotamos peor que antes, pero lo hacemos felices porque nos creemos libres y realizados.
El resultado es que millones están aquejados por “violencias neuronales” (ansiedad, déficit de atención, depresión, etc.) porque es fácil desarrollar una sensación de fracaso cuando se nos instala que “todo se puede” y, por supuesto, no podemos. En estas “sociedades de cansancio y rendimiento”, no conseguir las metas (ilusorias) y descansar va en contra de la productividad omnipresente que debemos desarrollar, por lo que tenemos culpa y nos castigamos por ello.
Así como muchas mujeres que se muestran desnudas o vestidas provocativamente dicen que hoy es distinto “porque ellas lo eligen” (en lugar de antes que el patriarcado se lo “exigía”), el emprendedor o el trabajador de la multinacional no se da cuenta de que sigue el mismo postulado de siempre, pero ahora “libremente” escogido por él. En el campo de lo alternativo, se da con personas a las que les venden que pueden trabajar de lo que “sienten”, sin estar preparadas de ninguna forma para un mercado saturado y difícil. El lavado de cerebro sigue firme y efectivo…
Y así como la publicidad capta rápidamente las tendencias originales que surgen, las homogeneiza, las desarticula y las vende como lo nuevo a lo que hay que acoplarse, todo termina siguiendo ese proceder. Debemos despertar a estos cantos de sirena, tomar conciencia de lo que se nos impone, sin importar de dónde venga. Esto significa ser imparciales, escucharnos, ir hacia adentro y seguir nuestro llamado, nuestro diseño, sin dejarnos seducir por lo externo. Cuesta, pero entonces seremos más o menos libres (lo cual ya es bastante).




