
Una de las cosas que más nos cuesta aprender es que todo tiene consecuencias. Alrededor de los 28 años, en el regreso de Saturno, siempre nos sucede algo fuerte y revelador, que nos permite comprender que esa omnipotencia con la que vivimos nuestra juventud no es cierta, que cada pensamiento, emoción y acto tiene una secuela. Es el aprendizaje de la responsabilidad.
Sea un suceso grave (o una serie de situaciones), el resultado es tan intenso que no podemos ignorarlo. Aun así, muchos esconden la enorme lección y siguen adelante como si nada hubiera pasado… para encontrarse después con la acumulación de actos irresponsables que caen como un alud…
Sin importar cuándo nos damos cuenta de que hasta lo más mínimo (si es repetido constantemente) va a terminar en alguna consecuencia indeseada, tomemos conciencia de que debemos responsabilizarnos de nuestra vida. También sirve al contrario: una cadena de bellas ideas, sentimientos y hechos nos hará la vida más plena y significativa.




