Vivimos en una distracción continua.

Para que un cambio se haga realidad y transforme nuestra vida, se necesita constancia. 

 

Todo pasa rápido, superficial, sin importancia pero muy importante (la falsa paradoja del ego, que se cree superior e inferior, carente y poderoso, vacío y lleno… de nada).  No es de extrañar entonces que no podamos concretar la mayoría de lo que nos proponemos, sobre todo cuando se trata de cosas verdaderamente importantes, como un cambio de actitud.

 

Siempre escucho la famosa frase: “No tengo tiempo”.  En realidad, vivimos en la mente y ella no corre, vuela.  Las imágenes, las películas, se suceden una tras otra y son solo eso, fantasías que se disparan, preocupaciones que no se materializarán, supuestos que nos entretienen.  En el fondo, solo corremos para solventar lo cotidiano, eso que circula sin que nos demos cuenta.

 

Para que un cambio se haga realidad y transforme nuestra vida, se necesita constancia.  Si no hay una persistencia en un foco, se diluye en los miles de fondos que nos distraen.  ¿Eres capaz de motivarte lo suficiente como para que lo tengas y perseveres hasta que lo logres?  De eso se trata para la mayoría…  No te pidas fuerza de voluntad porque casi seguramente no la tienes…  Respira, siente tu cuerpo, ¿qué deseas realmente?

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