Tips sencillos para conectarte con los mecanismos naturales del cuerpo: desperezarte y bostezar (siglos de evolución no se equivocan).

 

Comenzaré una serie de artículos sobre cómo lograr el bienestar.  Este inicia en el cuerpo.  Una verdad tan obvia no es reconocida normalmente, porque vivimos en una sociedad mental que lo menosprecia o utiliza pero no lo respeta.

 

El cuerpo está vinculado a la mente y al alma.  Con lo primero, tenemos grandes cortocircuitos y con lo segundo, hay desconexión.  El bienestar del cuerpo (y, por consiguiente, de nosotros como un todo) requiere tranquilidad, cuidado, atención, buena nutrición, un hábitat confortable y seguro.  ¿Cuánto de eso le damos en estos tiempos de estrés y rapidez?  Muy poco, pero sí le exigimos que funcione como una máquina sin romperse y nos quejamos cuando nos comienza a pasar facturas por lo poco que lo consideramos.

 

Cuando se repite constantemente que debemos “estar en el aquí y ahora”, pocos captan que eso significa estar en el cuerpo, ya que es el único que lo hace.  La mente divaga entre el pasado y el futuro, nos llena de ansiedades y dudas, nos saca de la vida que transcurre.  Por eso, necesitamos estar presentes en el cuerpo, atentos a sus mensajes, que son instantáneos e espontáneos.  Ellos nos alertan de malestares y peligros y nos ayudan a enfrentar los miedos a la supervivencia.

 

Y, como si fuera poco, el cuerpo nos muestra quiénes somos, transmite en cada gesto, postura, síntoma y enfermedad lo que pensamos, lo que sentimos, nuestro pasado en sus heridas y logros.  Decodificarlo es conocernos realmente, porque el cuerpo no miente (la mente se engaña a sí misma).  Vivir en el cuerpo es vivir conectados a lo que somos, a la vida, a la energía de flujo del universo.

 

En principio, publicaré pequeños tips sencillos.  Nos hemos alejado tanto de la sabiduría del cuerpo que desconocemos sus mecanismos, que fueron perfeccionándose en siglos de evolución.  Ya tenemos prácticos recursos disponibles y no los usamos porque los minimizamos.  Estamos tan apurados con las cosas “importantes” que pasamos por alto lo esencial y saludable.

 

En principio, tómate unos minutos para ir haciendo algunas de las cosas que iré compartiendo.  Son cosas comunes, diarias, pero que no registras, que no disfrutas, que no sabes que pueden ayudarte a estar mejor.  Luego, deja de atender tu mente como si fuera a darte las soluciones (NO lo hace) y presta atención a tu cuerpo.  Te lo retribuirá con creces.

 

Comenzaré con dos “habilidades” simples pero muy efectivas: desperezarte y bostezar.  Ya verás porqué te pueden servir.

 

 

DESPEREZARTE Y BOSTEZAR

Si bien años de represión social han hecho estragos en la percepción de nuestros instintos, nada puede mejorar miles de años de evolución, ya que estos  son mecanismos naturales del organismo.  Y aunque no lo creas, a muchos  (quizás, tú eres uno de ellos) les cuesta bostezar ampliamente y desperezarse placenteramente.

 

Desperezarte no es meramente “tirarte hacia fuera” un par de veces.  Es estirar desde adentro, percibir tus músculos desde la inserción en los huesos y hacer suaves y lentos movimientos de elongación en distintas direcciones, sin solución de continuidad, buscando sentir un bienestar general, un aumento de la vitalidad y un descanso reparador.  Hazlo antes de levantarte (no saltes bruscamente de la cama)  y cuando te acuestas a la noche (suelta las tensiones del día); puedes moverte en todas posiciones: de frente, de costado, boca abajo, en bollito y desde allí extendiéndote al máximo.   Haz lo que te surja, conéctate con las necesidades de  tu cuerpo y muévete libre y gozosamente.  Está de más decir que puedes utilizar este precioso mecanismo durante el día, cuando estás contracturado o cerrado.

 

 

Otro tema es el bostezo.  Este es un acto reflejo, cuyo propósito es renovar totalmente el aire en los alvéolos pulmonares y remover la sangre estancada en los vasos pulmonares.  Además, al mover ampliamente el diafragma, estás haciendo un masaje a la columna media y un “destape” de la respiración y el pecho.  Al abrir hasta el máximo las mandíbulas, las relaja a éstas y a las cervicales.  ¿Qué tal? ¡Tanto por tan poco!

 

Para aprovechar estas ventajas, aspira aire.  Sí, como una aspiradora, siente el rumor de la respiración en la garganta y, si puedes, suéltalo con sonido para descargarte (¡qué placer!).  Incluso, es muy beneficioso hacerlo cuando sientas el plexo solar cerrado por emociones de tristeza o ansiedad.  ¿Una utilidad adicional?:  hazlo hasta llorar.  En las lágrimas, soltamos algunas toxinas del estrés y limpiamos los ojos.  Así, que lo mejor es lo más natural: desperézate y bosteza.

 

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2 respuestas

    1. Así es, Ofelia! Es el mejor ejemplo!! Ellos están conectados a la vida íntimamente y hacen lo que el cuerpo necesita. Nosotros hemos “adquirido” la vergüenza de no bostezar, por ejemplo, a tal punto que apenas podemos abrir la boca ampliamente. No digo que le bostecemos en la cara a todos (jaja!), pero es posible ir a otro lugar o taparnos la boca mientras llevamos este reflejo natural a su máxima expresión, lo que redundará en grandes beneficios.
      Te mando un gran beso.

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