
Es común que pacientes nuevos me contesten con esa frasecita (¡Ya sé!) cuando les hago notar alguna actitud que no le sirven. Y, obviamente, mi respuesta es: “¿Y qué haces con eso?”.
En la era de la información, pensamos que saber es lo único que necesitamos para cambiar. Y, entonces, nos llenamos de libros, cursos, teorías, terapias mentales, y demás etcéteras que solo proveen conocimiento.
Saber es, como mucho, un primer paso. Es importante, porque nuestra mente debe abrirse a otras posibilidades y liberar patrones condicionantes, pero eso es lo único que brinda. Muchas veces, ni siquiera facilita CONCIENCIA, el verdadero requisito, la oportunidad de darnos cuenta verdaderamente de lo que sucede.
Luego de eso, debemos ACTUAR: poner a prueba esos conocimientos, equivocarnos, aprender a través de “prueba y error”, hacer los cambios necesarios, obtener nuevas actitudes, integrar cualidades y potenciales que permanecen dormidos, etc.
Por eso, la próxima vez que te digas: “¡Ya sé!”, comienza a actuar, con pequeños pasos, admitiendo el error y la vergüenza, hasta que logres transformarte de oruga en mariposa, lo que requiere tiempo y paciencia.




