Yo, la pioooor de todas…

Esas enunciaciones generalistas solo sirven para seguir en el papel de víctima.

 

Nos reíamos con una paciente acerca de esta típica victimización cuando comenzamos a tomar conciencia de cómo nos tratamos.  Hay un momento distintivo (que a algunos le dura años) en el que solo vemos lo peor, ya sea los defectos, las carencias, los fracasos, cualquier cosa sirve para posicionarnos en ese lugar fatídico (¡Pobrecita yo!!!).

 

Esto se ve exacerbado por las redes sociales, ya que allí se publica no solo lo mejor sino también editado, así que es un enorme caldo de cultivo para la depreciación: “¿Por qué ella tiene todo y yo no tengo nada?”, “Él logró todo lo que yo quiero y yo estoy estancado desde siempre”.  Esos sustantivos “totalitarios”, tipo todo, nada, nadie, siempre, son indicios de que nos estamos engañando.

 

Ni los otros tienen todo ni nosotros no tenemos nada.  Esas enunciaciones generalistas solo sirven para seguir en el papel de víctima, justificando supuestas razones para no accionar y mutar nuestros discursos debilitantes.  En realidad, son la toma de conciencia desde dónde partimos y qué debemos cambiar: si me digo: “Todos me odian”, puedo llevarla a: “No puedo gustarle a todos, pero quiero a los que sí me aprecian”, por ejemplo.

 

Es importante no volver a caer en extremos, ahora idealizados: “Todos me aman” es una tontería, porque no será una realidad y volveré al “Todos me odian”.  Es una apasionante labor la de cambiar la narrativa que nos venimos planteando, y que configura nuestra vida, por otra que sea real y estimulante.  ¡Hazlo!

 

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