
Una paciente, que está pasando por una serie de cambios difíciles y a los que le está poniendo el cuerpo, me dice que pasó dos días “deprimida”, sin ganas de hacer nada. Es interesante cómo interpretamos los procesos en esta sociedad…

Parece que, como un gráfico de ganancias en una multinacional, todo debe ir para arriba continuamente; ante una leve caída, se encienden las señales y hay que recuperarse rápido. ESO NO ES REAL. Somos cíclicos (algunos más que otros), pero no existe el “¡siempre arriba, siempre adelante!”.

Después de la actividad, necesitamos treguas: bajar a tierra y reponernos. Muchas veces, hay una hiperactividad (llevada por la mente) y no captamos los mensajes del cuerpo de detenernos, por lo que la parada puede ser brusca. Y su propósito es regenerarnos, renovarnos y, luego, continuar.

En el caso de mi paciente, se trata de un descanso necesario para juntar fuerzas y reflexionar ante tantos cambios. A veces, la depresión sí es el resultado de vivir en una fantasía, en una actividad permanente, sin conexión con la realidad, que detiene brutalmente a la persona para que caiga a tierra y se reconecte.

Siempre, habrá ciclos de subida y bajada y es necesario aceptarlos. Pero más si estás en un proceso de transformación, ya que necesitas respiros (¡respira!). Cuando experimentes una pausa, una sensación de pérdida, de desarraigo, de extravío o que casi nada te da satisfacción y te sientas en terreno de nadie, no te abandones. Cuídate. Descansa, toma Tierra.




