
Es preciso madurar. No podemos andar por la vida con lo que resultó después de la adolescencia.

Me hace acordar la voracidad del primer mundo (especialmente Estados Unidos).

Si no aprendemos cómo funciona nuestro diseño particular y sus estrategias, seguiremos siendo carne de cañón para el sistema.

La paradoja es que, cuando nos ocupamos de nosotros, dejamos de interferir en las vidas de los demás, los tratamos mejor porque nos tratamos mejor, somos más empáticos y respetuosos.

El precio de la felicidad es la infelicidad. No hay un costo por ser nosotros mismos.

Según el creador de Diseño Humano (un sistema que sintetiza corrientes occidentales y orientales), en el 2027 entramos en un nuevo ciclo.
