Cómo comunicarte mejor contigo y con los otros.

Consejos prácticos y simples.

En esta jerga militar en la que nos comunicamos, son comunes las expresiones que instan a luchar la vida, defender las ideas, pelear la posición, aguantar el lugar en la retaguardia, etc.  Esto hace que terminemos con una actitud constante de vigilancia y control en medio de un mundo percibido como peligroso y hostil.

Vivir de esta forma es altamente estresante porque las palabras construyen mundos.  Son el segundo nivel de creación, luego de las ideas y antes de los actos.  Observar nuestra comunicación interna y externa es muy importante para diseñar lo que deseamos concretar en nuestra realidad.  Voy a dar algunos ejemplos para reemplazar palabras o frases que nos perjudican:

Hacer preguntas debilitantes.

“¿Por qué nadie me quiere?, ¿Por qué no me valoran?, ¿Por qué me sale todo mal?”.  Esto genera autocompasión y victimización, además de que reniegas de tu poder para modificar tu percepción y hacer cambios.

Reemplazo: “¿Cómo me acerco a tal persona?, ¿Qué puedo aprender de esta situación?, ¿Cómo mejoro mis recursos?, ¿Qué hay de positivo en esto?”.

Si te haces preguntas empoderadas, tendrás más control y podrás encontrar actitudes y cursos de acción que te permitan avanzar.

Usar absolutos.

“Todo, nada, nadie, nunca”. Cuando estás utilizando estas palabras no estás siendo objetivo y te estás aislando en un mar de términos definitivos y categóricos que no existen.

Reemplazo: En lugar de: “Nadie me presta atención”, di: “Pedro y Juan no me prestan atención”.  En lugar de: “Nada me sale bien”, di; “Estoy enviando CV y todavía no me contestan, aunque ya lo lograré”.

Sé específico: ¿quién, cuándo, cómo, dónde? 

Generalizar.

Es una variante del anterior y lo usas frecuentemente cuando te está yendo mal en algún aspecto, dejando que esa parte inunde el resto.

Reemplazo: en lugar de: “Todo es un desastre”, di: “En el trabajo me está costando avanzar; afortunadamente la familia está apoyando”.

Por más que parezca que nada es como te gustaría, el valorar lo que sí está funcionando te ayuda a superar el momento.

Dramatizar.

Es lo que más te inhabilita para transformarte.  Acostumbras emplear un léxico fatalista y contar las cosas con un histrionismo digno de la mejor telenovela.  Crees exorcizar las cosas de esta forma, pero a la larga solo terminas debilitándote y creando lo que tanto hablas.

Reemplazo: En lugar de: “¡No sabes lo que me pasó, fue terrible, no sé qué voy a hacer, es lo peor!”, di: “Tuve una experiencia extraña, ¿me ayudas a entenderlo?”.

Trata de ser más objetivo, simple, directo y positivo.  Sobre todo, háblale a tu Niño Interno, que es quien te está escuchando. Deja de maltratarlo.

Descubrí hace mucho que, cuando no quería recurrir a términos destructivos, me servía decir: “¡Qué interesante!”, “Es algo interesante”.  De alguna forma, vale para abrir la experiencia y hallar facetas que beneficien y alienten.

Negar y separar.

Hay dos palabritas que son fundamentales y que te evitan unificar tus experiencias; son “o” y “pero”.  Cuando las aplicas, tiendes a negar lo que afirmas en la primera frase o directamente todo el enunciado.  Substitúyelas por “y” y “además”.

Reemplazo: la más común es: “Sí, pero…”, lo cual destruye cualquier cosa que digas aseverar. En su lugar, di: “Sí, además…”.  Una paciente decía: “Está todo bien, pero…” y lanzaba una retahíla de cosas con las que no estaba de acuerdo y anulaba lo “bien” que estaba todo. Una de dos: o está mal o está bien, y además tienes algunas disidencias. 

En lugar de: “No sé si el problema fue causado por mi desidia o por su empecinamiento”, di “El problema fue causado por mi desidia y por su empecinamiento”.  Generalmente, las dos cosas son ciertas.

También, funciona para emociones o para encontrar las causas de porqué algo sucede.  Nos conforma y tranquiliza pensar que algo pasa por una sola razón o que sentimos una emoción nada más.  La verdad es que somos y ocurre un conglomerado de situaciones y aceptarlas todas es lo mejor.  En lugar de “Me siento triste o estoy cansada y desilusionada”, di “Me siento triste, cansada y desilusionada”, lo cual es más verdadero.

Utilizar metáforas militares.

Cambiar tu aproximación guerrera por una amable hará mucho por lo que encuentras y cómo lo procesas.

Reemplazo: en lugar de “Luchar la vida”, di: “Vivir/emprender/disfrutar/abrazar la vida”; en lugar de: “Defiendo mis ideas”, di: “Expreso mis ideas”; en lugar de: “Peleo por lo que creo”, di: Afirmo lo que creo con mis actos”; en lugar de: “Necesito armas para triunfar”, di: “Aprendo recursos para lograr lo que deseo”; en lugar de: “Perdí la batalla”, di: “No salió como esperaba, pero aprendí tal cosa”.

Busca pensar con términos que te brinden soluciones a tus desafíos y metas.

Amo la palabra AFIRMAR.  Además de que tiene una connotación positiva, significa mantener una posición, asegurar, garantizar, declarar, apoyar, consolidar, basar, etc.  Te propongo incorporarla a tu vida y afirmar tu identidad, tus ideas, tu actitud, tu trabajo, tus relaciones, tu lugar en el mundo.  Tu existencia es una afirmación de tu Alma en esta preciosa Tierra.

Comparte:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

captcha

Sobre Diseño Humano

No te pierdas ninguno.

Suscríbete al boletín semanal

Recibe un email semanal con consejos, reflexiones y recursos, directamente en tu casilla de correo.

Categorías

Sígueme