Muchas veces, leo quejas sobre los políticos de otros países y son iguales que en el mío. Es una situación mundial, porque el tema no pasa por ellos, sino por el cambio que transitamos.
El poder está perdido (y eso no es malo).
Estamos en un tiempo de transformaciones tan veloces, extremas y brutales, que nadie sabe qué sucederá ni cómo resolverlas. Lo que antes llevaba quince años de evolución, ahora puede llevar meses.
No existen los planes a veinte años, porque quién puede prever el mundo que existirá en ese momento. Charlando con un paciente, me cuenta que su empresa, que se dedica justamente a pronosticar orientaciones de mercado, no puede hacerlo más que a muy corto plazo.
Los políticos, los sindicalistas, los que están en lo alto de la pirámide institucional no tienen ni idea de qué ocurre y, si la tienen, se resisten a perder sus privilegios, por lo que se dedican básicamente a mantener el poder, de cualquier forma que sea.
Por eso, sus intervenciones son inútiles y peligrosas, ya que ahora su importancia deriva de sostenerse en sus sitios, no de vaticinar los cambios y guiarlos. ¿Quién conduce si nadie ve el camino? Esa será una cuestión puramente individual en adelante.

El futuro no se planifica: se navega.
La mayoría no está preparada para esto. Sigue soñando con los viejos tiempos en los que tenía apoyo de los organismos (públicos y privados) para crecer y desarrollarse. Se aferra a los líderes políticos o a quien le venda que continuará teniendo beneficios (terreno fértil para mentirosos y oportunistas).
Este paciente me decía que la atención está puesta en las “habilidades blandas”. Antes, un empleador se llevaba mayormente por los estudios y la experiencia del candidato. Hoy, observa si tiene capacidades de liderazgo, si es empático, si se adapta ágilmente a los cambios, si propone ventajas, etc.
Hasta ahora, el mundo ha sido estratégico (planificación y cronogramas a largo plazo), enfocado, de supervivencia, sumamente activo. Aunque lo energético continuará, nos estamos moviendo hacia lo receptivo, la observación del devenir, el aprovechamiento de las oportunidades en el momento, aprehendiendo lo que está sucediendo y actuando.
Esa fluidez (líquida, que se adecúa a cada circunstancia) es bastante rara en esta sociedad (y atemorizante). Los jóvenes la están trayendo, al igual que otros parámetros, pero tardará en instalarse y consolidarse en su mejor versión.

Adaptación y aprendizaje.
Soy así y ha sido difícil comprender que vengo cableada distinto al resto (es mi diseño), pero también ha sido una gran ventaja: me adapto rápidamente a cualquier situación. Como soy esencialmente observadora (no activa), he podido adelantarme a las tendencias, al captarlas en sus inicios.
Si no eres así, te costará aceptar lo que viene. ¡Me cuesta a mí que me acomodo! Pero, si tienes jóvenes a tu alrededor, no pretendas imponerle tus ideas o comportamientos. No solo no te escucharán, sino que no les servirán. Porque lo nuevo es nuevo de verdad.
Más bien, busca aprender junto con ellos, tratando de situar una base de valores y cualidades que están siendo desafiadas por los oportunistas y los poderosos. No se puede detener el futuro, pero podemos ayudar a moldear algunas cosas. Te acompaño.




