
Hace un tiempo, comenté acerca del Síndrome del Impostor: personas que no pueden internalizar sus logros y temen ser descubiertas como un fraude, atribuyendo sus éxitos a la suerte o a factores externos. Generalmente, lo padecen quienes son muy responsables y exigentes.

Observo que se está dando el fenómeno contrario: gente que no sabe nada, pero cree que lo sabe todo o que lo poco que sabe es muy importante. Lo padecen los influencers y cualquiera que tenga acceso a internet.

Antes, los que opinaban en los medios de comunicación eran personas expertas en su especialidad (escritores, filósofos, artistas, médicos, etc.). Era muy enriquecedor, ya que expandían y profundizaban las ideas y concepciones de quienes los escuchaban.

Ahora, todos comparten sus mínimas ideas, sin importar para qué sirven (o a quiénes sirven…). Puede ser a través de las redes (plagado de mala información, escasez intelectual, obscenidades, bromas tontas) o “escribiendo” (una sucesión de pensamientos débiles e inconclusos, con horrores de ortografía, sin puntos ni comas, más bien un vómito cerebral).

Se pensaba que internet iba a democratizar el saber. Lo que hizo fue empobrecer la cultura, hasta el punto de normalizar la estupidez y la ignorancia. Por supuesto, hay de todo y sigue habiendo personas maravillosas, creativas, inteligentes, sensibles y originales, que son un placer escuchar.

Son las menos, pero supongo que siempre fue así, solo que ahora tienen visibilidad las que no lo son. Y se traslada a cualquier campo (el arte en general, la medicina, la política, etc.). Obviamente, este es el comentario de una vieja, como muchos dirán. Sigue siendo cierto. Y lamentable.





2 respuestas
Excelente reflexión. Y no se trata de ser viejo o joven. Es una triste realidad. Pero lo más triste es que lo aceptamos.
Sí, Nerenis, aceptamos cualquier “moda” que la sociedad instala, sin preguntarnos para qué lo hace…
Te mando un cariñoso abrazo.