
Estoy escribiendo esto porque acabo de escuchar la frase: “Agarra la pala” y, realmente, no la soporto.

Era el reclamo de una persona con respecto a otra, dudando que hubiera trabajado alguna vez. Lo interesante es que ninguno de los dos “agarraría una pala” ni aunque se estuvieran muriendo de hambre…

A esta altura del mundo, ¿por qué todavía se usa esta apelación? ¿Por qué se cree que trabajo es solo físico, con esfuerzo? Si no, pareciera que no vale; que, si no implica sacrificio, no es merecido.

Es como cuando le demandan a una mujer bonita, en cierto círculo social, que “siempre sale con un rico, nunca un albañil”. ¡Obviamente que no! Se mueve en otro ámbito, con otras ambiciones. Y no me estoy refiriendo a que sea interesada (que las hay), sino a lo necio del pedido.

Lo paradójico es que, quienes se indignan, no solo no harían lo que requieren, sino que piensan que están enalteciendo esos oficios, cuando hacen lo contrario, rebajándolos al ponerlos como poco, al extremo de lo otro.

Creemos que la palabra no tiene poder, pero es el segundo nivel de creación (pensamiento, palabra, obra). Sería importante que nos planteemos los dichos (populares y personales) que repetimos, porque moldean nuestra vida. ¿Qué otros se te ocurren?




