
Desde hace tiempo, me hace ruido esta conducta generalizada. Todos estamos cerrando el año, haciendo evaluaciones, viendo nuestro desenvolvimiento, lo que logramos o no, lo que dejamos pendiente, etc.

¿No suena “comercial”? Parece que somos una gran empresa, que debe tener sus ganancias, analizar sus débitos y créditos, ponerse objetivos para el próximo año. Y no está tan lejos de la realidad…

Ahora, no somos humanos, somos consumidores, usuarios, clientes, y nos tratamos como tales. En ese supuesto balance, no anotamos los buenos momentos, las cálidas charlas, los abrazos, las sonrisas (o las lágrimas), los desafíos superados internamente.

Eso no es material, medible, reconocido, validado. Entonces, no importa. Sería interesante que reflexionemos acerca de esta costumbre, y nos proporcionemos una visión más humana, amable, colaborativa, luminosa.




