Recuerda la Luz en medio del ruido.

El cuerpo pide pausa y el alma también.

Hace unas semanas, comenté que pasé por un período “desastroso” y que observaba que otros también.  Fue muy interesante (palabra que aconsejo mucho usar, para no caer en otras negativas… como desastroso 😊). 

Corriendo hacia ninguna parte.

Si la velocidad fuera un mérito, seguramente esta época sería la más estimada.  Todo sucede con tanta rapidez que no da tiempo para adaptarnos.  Corremos hacia ningún lugar, pero con mucha determinación.  Y, cuando llegamos, solo seguimos, porque es lo único que sabemos con certeza: hay que correr.

Hace unos años, esto se vendía como algo loable y deseado.  Recuerdo esa imagen de súper ejecutivo, que tomaba decisiones en un segundo, era atrayente, ganaba mucho y la vida le sonreía.  Ahora, vendría a ser el “emprendedor” que trabaja más todavía, pero gana apenas y la vida se le ríe.

Sin importar el estatus social, la sociedad nos empuja a perdernos en el caos de la supervivencia, sin comprender quiénes somos ni cuáles son nuestros deseos y dones.  Algunos buscan orientar, pero continúan, sin darse cuenta, ofreciendo el mismo menú de esfuerzo y horas sin descanso (pero con mucho ánimo y carisma).

Preguntándome para qué.

Parte de la razón de mi período desastroso fue que también me perdí en esa ansiedad generalizada de huir hacia no se sabe dónde.   Soy ansiosa, así que no me costó nada.  Pero, además soy vieja (no tengo problema en admitirlo) y sabia (espero), así que frené, respiré y me pregunté qué quería realmente.

Ciertamente, no era correr ni esforzarme, hacer demasiado ni tener desmedido.  Siempre, tuve claro que eso no era lo mío y lo corroboré cuando apareció Diseño Humano en mi vida.  Soy introspectiva, austera, selectiva, vaga y lo que más amo es hablar con personas (algunas) y guiar. 

¿Le sirve esto a alguien?  En este mundo y el que viene sí, porque todos están y estarán bastante activos y gastando energía sin parar.  ¿Qué necesitarán?  Una pausa.  Un descanso.  Alguien que les baje el ritmo y los vuelva a conectar, para que ese correr tenga algún sentido, por lo menos.

Recordándome/te conscientemente.

Este escrito es para recordarme, y recordar a otros como yo, que para eso estamos.  En esta desgastante transición que durará un buen tiempo, estamos saliendo de la tribu a la individuación, de la lucha sin meta a la presencia que atrae, del control a la confianza, del ruido a la calma, del miedo a la libertad.

El instrumento que lo posibilitará es la conciencia.  Y ella requiere espacio, ese mínimo espacio entre la ansiedad de la mente y la manipulación sombría del afuera.  Allí, se encuentra la Luz.  No es una batalla, es permitir que ilumine la oscuridad, porque solo necesita eso, alumbrar para que todo cambie.

Esa Luz no se impone, no se decreta, no se estudia.  No surge de un día para otro ni dura para siempre.  Se encarna.  Día a día.  Nos ilumina e ilumina.  Es un recordatorio de quiénes somos en realidad.  Si necesitas ayuda, aquí estoy.

Comparte:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

captcha

Sobre Diseño Humano

No te pierdas ninguno.

Suscríbete al boletín semanal

Recibe un email semanal con consejos, reflexiones y recursos, directamente en tu casilla de correo.

Categorías

Sígueme