Sigue tus Ritmos y facilítate la vida.

Flujo y reflujo de la Energía.

Desde hace mucho, observo las oleadas de ritmos que se suceden en todo y no dejo de sorprenderme. Por ejemplo, cuando estoy bastante tiempo en un lugar, veo el continuo flujo y reflujo de personas: en un momento, lleno y en otro, vacío.  Se nota en los bares, los lugares públicos, el tránsito, los ascensores, etc.  No me refiero al horario normal de entrada y salida o de horas pico, sino a ese otro ritmo más insondable del que no tenemos registro y del que, no obstante, somos protagonistas casi involuntarios. 

Siempre activo, siempre ascendente.

Las oleadas de ritmos pueden ser de años, meses, días u horas.  ¿Has notado que, de pronto, hay una cima de movimientos múltiples, que finaliza tan rápido como comenzó?  ¿Has percibido semanas tranquilas y semanas frenéticas?  ¿Te has dado cuenta del constante incremento de la cantidad y velocidad de actividades?  ¿Y de ciertas detenciones, que nos llenan de ansiedad e incertidumbre? Hace mucho, anoto mis turnos con lápiz porque los cambios pueden ser caóticos y, también por eso, decidí dejarle mi agenda a mi Espíritu, porque yo no tengo la capacidad de arreglar semejantes vaivenes.

En nuestra sociedad industrializada, queremos que el ritmo sea siempre ascendente y jamás se detenga, como en el gráfico de ventas ideal.  Nos enojamos o nos desilusionamos cuando algo nos frena.  La electricidad y la luz artificial nos han alejado de los ritmos naturales, aunque el cuerpo los continúa imperturbable.  Siempre queremos más y es justamente el cuerpo el que nos detiene, con alguna enfermedad o accidente, para que nos tomemos el tiempo de reflexionar, de evaluar, de finalizar algo, de preparar lo nuevo, de descansar, de disfrutar. 

Creemos que ser exitosos y plenos es estar en movimiento.  Parece que nos horroriza quedarnos quietos.  Es símbolo de pereza, de fracaso, de vacío.  Sin embargo, en estos tiempos acelerados, detenernos y conectarnos es la solución que no tomamos en cuenta.  La rapidez es enemiga de la profundidad.  Es como las olas, que están en la superficie; ellas van y vienen, pero las corrientes que todo lo mueven están muy por debajo.

Escucha el ritmo y fluye.

Como no tenemos un punto de vista amplio y abarcador, nos perdemos de los ritmos con que nuestra vida se despliega.  Queremos forzar situaciones y/o personas para que suceda lo que deseamos, cómo deseamos, cuándo deseamos.  Como le comentaba a una consultante, a veces lo conseguimos… solo para que seamos conscientes de que no es lo que nos conviene (y de que no todo lo que reluce es oro). 

Como habrás descubierto, los ritmos actuales son más rápidos; pasamos del vals al rap.  Las consecuencias de lo que hemos pensado, sentido, dicho y actuado y la materialización de ello, que antes podían tardar años, ahora están a la vuelta de la esquina.  Más razón para respetar los reflujos y reflexionar. 

Nos perdemos la Vida al correr.  La guía de nuestro Espíritu está siempre disponible, pero su voz es suave, baja, profunda.  Es amiga del silencio y la quietud.  Aun en medio del trajín, podemos estar en silencio interior y conscientes de que no estamos solos ni perdidos ni abandonados y escuchar-nos.  Confiando y en paz, podremos seguir los ritmos armoniosos que nos conectan con todo.  

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